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Mexico
Descubren las huellas humanas más antigüas de México (Edad del hielo)
Aug 26th
El INAH informó que las evidencias de huellas humanas -de 24 centímetros de longitud y 10 centímetros de ancho- en Cuatrociénegas, Coahuila corresponden a la Era de Hielo, alcanzando una antigüedad de 10,500 años.
Las evidencias de huellas humanas que se localizaron en el municipio de Cuatrociénegas, Coahuila, alcanzan una antigüedad de 10,500 años, es decir, corresponden a la Era de Hielo, y se consideran, hasta el día de hoy, las más antiguas de México.
Estos resultados se obtuvieron a partir de estudios de fechamiento con el método de uranio, hechos en diferentes laboratorios de Inglaterra, Alemania, Estados Unidos y México.
Lo anterior fue dado a conocer durante la ponencia “Datación de las huellas humanas localizadas in situ, en el Valle de Cuatrociénegas, Coahuila”, por Arturo H. González, investigador del Museo del Desierto, en el marco del IV Simposio Internacional El hombre temprano en América, que concluyó este fin de semana.
En un comunicado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), organizador del acontecimiento, González señaló que el antecedente inmediato de estos hallazgos, fue una serie de huellas localizadas en 1961, durante los trabajos para construir la carretera que va de Ciénegas a San Pedro de las Colonias, en Coahuila.
Impresas en travertinos -piedra formada en los ciclos de agua y de carbono de la tierra- fueron trasladadas a las instalaciones del Museo del Desierto, en Saltillo, capital de Coahuila, para su resguardo, estudio y posterior exhibición.
Años después, investigadores del INAH se dieron a la tarea de identificar los lugares exactos donde se encontraron las primeras evidencias, con la intención de realizar nuevos descubrimientos y, sobre todo, obtener información relevante sobre la antigüedad de las huellas.
Una vez localizados los sitios específicos, ubicados en las riveras de las pozas de agua que permean el valle de Cuatrociénegas, se extrajeron muestras de gasterópodos -caracoles- los cuales fueron sometidos a estudios de carbono 14 para obtener la datación.
Sin embargo, los resultados no convencieron a los investigadores, quienes se vieron en la necesidad de buscar otras alternativas que les proporcionaran datos más precisos.
González mencionó que la información obtenida a partir de los análisis de los caracoles no era fiable debido a los carbonatos de la zona; por lo tanto, se decidió realizar estudios con el método de uranio, el cual arrojó números mucho más confiables que alcanzaron hasta los 10,500 años de antigüedad, cifra que coincide con la Era de Hielo.
“Esta información permitió considerar al lugar in situ, como el único en México donde tenemos evidencia clara de hombres de la Era de Hielo que ocuparon nuestro territorio”, agregó el especialista.
Las primeras huellas tienen 24 centímetros de longitud por diez centímetros de anchura, comentó.
La estatura de estos individuos está relacionada con el tamaño del pie, por lo que el investigador atribuye hasta 1.70 metros, con una estructura corpórea robusta. Posteriormente se localizó una tercia más de sitios con rastros de huellas humanas, adujo.
Tal es el caso del sitio El Niño, donde se localizaron evidencias de huellas con 13 centímetros de longitud; y el sitio El Pato, en donde se identificaron otras pertenecientes a cuatro individuos diferentes con 29 centímetros de longitud y 1.80 metros de altura en vida, aproximadamente.
El sitio La Pista, donde se hallaron huellas de 27 centímetros, adjudicadas a personas de 1.70 metros de estatura.
Según González, estos hallazgos son relevantes, ya que forman parte de los pocos informes que se tienen en el continente sobre huellas de humanos de la era del hielo.
“México es protagonista en la reconstrucción de la historia de los primeros hombres de América y la reconstrucción de la existencia humana en el planeta, a partir de los procesos evolutivos sufridos hace miles de años”, dijo.
“Con estos nuevos conocimientos se forma una referencia inmediata a lo que se vive actualmente en el mundo, es decir, del proceso de extinción donde el hombre genera la pérdida de muchas especies animales, la cual está ligada directamente a otros momentos de la historia en los que sucedieron actos parecidos, la desaparición de la megafauna es un claro ejemplo de ello”, concluyó el investigador.
Salva un libro: libros a bajo precio en el Auditorio Nacional
Jun 13th
La Secretaría de Cultura y el Auditorio Nacional organizan a través de la Coordinación del Programa de Fomento a la Lectura ‘Para leer en Libertad’ la 2a Venta de bodega de libros de remate. Compra un libro para que siga existiendo, en lugar de que se tenga que destruir.”

“La Industria Editorial tiene sus bodegas llenas de libros que han pasado por venta, rebajas y saldos. No tiene cómo deshacerse de ellos ya que se le prohíbe donarlos o regalarlos a menos que paguen impuestos por los mismos. Además de costarles el almacenamiento tienen que pagar impuestos por considerarlos como activos fiscales. Por tal motivo algunas editoriales se ven en la necesidad de triturarlos (otras no).
La Secretaría de Cultura del GDF, para evitar esta práctica tan terrible decidió hacer una gran venta de bodega de donde pongan los libros a precio de remate. Con esto estaremos ayudando a las Editoriales y también a los lectores a comprar libros a bajísimo precio.
Esto se llevará a cabo en el Auditorio Nacional, del martes 24 al domingo 29 de junio de 2008, de 11:00 a 19:00 horas. ENTRADA LIBRE
50 Años del Cómputo en México
Jun 9th
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) fue la primera institución educativa en instalar una computadora en México y en toda Latinoamérica.
En el año 2008 es el 50 aniversario del cómputo en México.
A lo largo de este año se realizarán diversas actividades que integren a estudiantes y profesionistas para hacer una gran conmemoración de carácter nacional e interinstitucional, que promueva el conocimiento actual y las perspectivas tecnológicas, reconociendo el esfuerzo y camino recorrido por todos los actores de la historia de estos 50 años.
El campo de las ciencias computacionales en México tiene sus orígenes a mediados de la decada de los 1950s. En dicho período, destaca la llegada de la primera computadora electrónica a nuestro país. Este importante evento, cuyo 50 aniversario celebramos en este 2008 tuvo una historia azarosa, aunque, afortunadamente, con un final feliz.
Todo empezó en 1955, año en que el Ing. Sergio Beltrán López le propone al Dr. Nabor Carrillo Flores (entonces rector de la UNAM), la instalación de una computadora en nuestra máxima casa de estudios. Esto generó opiniones encontradas dentro de la UNAM. Varios investigadores se oponían a esto, debido a que lo consideraban un lujo innecesario. Al parecer, el Ing. Beltrán se interesó en las computadoras a raíz de un proyecto de colaboración entre la UNAM y la Universidad de California en Los Angeles (UCLA). El grupo mexicano (del cual también formaba parte el Dr. Carrillo Flores) tenía que resolver sistemas de ecuaciones simultáneas tan complejos, que les tomó 9 meses hacerlo. Cuando enviaron sus resultados a UCLA, su contraparte norteamericana verificó los resultados en menos de 3 semanas. Esto dejó atónito al grupo mexicano, pues según sus estimaciones, se requeriría aproximadamente la mitad de la población de Estados Unidos para poder realizar esos cálculos en tan corto tiempo. Al preguntarle sobre este asunto al director del proyecto en UCLA, su respuesta fue que los cálculos los habían efectuado con el Cerebro Electrónico Nacional.
El Ing. Beltrán pensó que se trataba de una broma y movido por la curiosidad, viajó a UCLA. Ahí descubrió que el Cerebro Electrónico Nacional era una computadora IBM-650. Obviamente, no le tomó mucho tiempo al Ing. Beltrán darse cuenta del potencial de tal máquina e instó rápidamente al Dr. Nabor Carrillo Flores a instalar una computadora similar en la UNAM. Se cree que el Dr. Carrillo Flores acabó apoyando la propuesta debido a que él mismo había estado involucrado en el citado proyecto con Estados Unidos. Sin embargo, debido a las limitantes presupuestales de la UNAM, el rector le dijo al Ing. Beltrán que se rentaría una computadora, pero que ésta debía volverse auto-financiable en 12 meses. De no hacerlo, el proyecto se cancelaría.
Ultimados los detalles con la IBM, se firmó un contrato para rentar una IBM-650 por un monto de $25,000 pesos mensuales. Cabe destacar que el plan original del Ing. Beltrán era rentar una IBM-704, pero a pesar del descuento del 60% que les ofreció IBM, no les alcanzó el dinero, y por ello se tuvieron que conformar con una IBM-650 que, además, no era nueva, sino que había sido heredada de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA).
El 8 de junio de 1958, abre sus puertas el Centro de Cálculo Electrónico (el CCE), ubicado en el sótano de la antigua Facultad de Ciencias. Su primer director fue el Ing. Beltrán López y entre sus colaboradores estuvieron Renato Iturriaga, Manuel Alvarez, Lian Karp, Javier Treviño, Luis Varela y Eduardo Molina. En el CCE se instaló la computadora IBM-650 de bulbos que se le rentó a IBM (ver figura 2). Esta máquina operaba con un tambor magnético con capacidad para 20,000 dígitos, efectuaba 1,300 operaciones de suma y resta por segundo y funcionaba con lectora y perforadora de tarjetas, adoptando un sistema numérico llamado bi-quinario. Utilizaba un ensamblador llamado SOAP (Symbolic Optimizer and Assembly Program), un pseudo-compilador llamado RUNCIBLE y un intérprete llamdo BELL. Las primeras tareas que se le encomendaron a esta computadora fueron los de resolver problemas de astronomía, física e ingeniería química. Incluso, se conformó una base de datos para los antropólogos. En agosto de 1959, se dictó el primer coloquio sobre computadoras electrónicas y sus aplicaciones.
Computadora IBM-650, instalada en la UNAM en junio de 1958
Científicos e Ingenieros mexicanos – Rodolfo Neri Vela
Jun 3rd
Rodolfo Neri Vela nacio el 19 de febrero 1952 en la ciudad de Chilpancingo, Guerrero, México. Fue el primer astronauta mexicano y el segundo Latinoamericano en volar al espacio.
Recibió licenciatura de Ingeniería Mecánica y Eléctrica con especialidad en Comunicaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1975; estudió la maestría con especialidad en sistemas de telecomunicación entre 1975 y 1976 en la Universidad de Essex, en el Reino Unido; obtuvo el grado doctoral en estudios de radiación electromagnética en la Universidad de Birmingham, Reino Unido, en 1979; y en la misma institución realizó investigaciones post-doctorales durante un año, enfocándose en las estructuras que guían las ondas waveguides (descripción en inglés).
Del 26 de noviembre al 3 de diciembre de 1985 participó como especialista en la Misión STS-61-B del Transbordador Espacial Atlantis, el cual despegó de noche desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida y regresó a tierra en la Base Edwards de la Fuerza Aérea Estadounidense en California.
El objetivo principal era poner en órbita tres satélites de comunicación, entre ellos el Morelos II (los otros dos fueron AUSSATT II y SATCOM K-2). No obstante, los tripulantes pudieron conducir 2 caminatas espaciales (EVA) de 6 horas de duración para demostrar técnicas de construcción para la estación espacial utilizando los experimentos EASE/ACESS.
Segun Satmex el Morelos II formo parte de la primera generación de satélites mexicanos cuya construcción se inició en 1983. Fabricado por Hughes, el Morelos II fue lanzado al espacio el 27 de noviembre de 1985 en el transbordador espacial Atlantis (OV-104).
Cuando se lanzó el satélite fue puesto en órbita de almacenamiento y ahí permaneció hasta abril de 1989, fecha en que entró en operaciones.
Desde agosto de 1998, el Morelos II comenzó a operar en órbita inclinada.
El Dr. Neri Vela también operó el experimento de Continuo Flujo de Electroforesis (CRFES) para McDonnell Douglas así como el contenedor Getaway Special (GAS) para Telesat de Canadá. Además condujo experimentos de comunicación para el gobierno mexicano y probó los Orbiter Experiments Digital Autopilot (OEX DAP).
Al concluir la misión, Neri Vela había viajado 3.8 millones de kilómetros (2.4 millones de millas) en 108 órbitas a la tierra y registró 165 horas en el espacio.
Transbordador Atlantis
Neri es autor de las obras Planeta azul, Misión 61-B y El pequeño astronauta, Lineas de transmision y coautor de El ingeniero en Electricidad y Electrónica y Construya e instale su propia antena parabólica.
Actualmente el Dr. Neri Vela es miembro de número de la Academia Mexicana de Ingeniería y, desde 1973, profesor de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.
Como nota personal puedo decirles que tome clases de Lineas de transmision con el Dr. Veri Vela en la Faculta de Ingenieria de la UNAM ya hace algunos años. ¡Saludos Ingeniero!
Leyendas del México antiguo: Cuando el tecolote canta…
Jun 2nd
Leyenda Maya – Leyenda prehispanica
En El Mayab vive un ave misteriosa, que siempre anda sola y vive entre las ruinas. Es el tecolote o tunkuluchú, quien hace temblar al maya con su canto, pues todos saben que anuncia la muerte.

Algunos dicen que lo hace por maldad, otros, porque el tunkuluchú disfruta al pasearse por los cementerios en las noches oscuras, de ahí su gusto por la muerte, y no falta quien piense que hace muchos años, una bruja maya, al morir, se convirtió en el tecolote.
También existe una leyenda, que habla de una época lejana, cuando el tunkuluchú era considerado el más sabio del reino de las aves. Por eso, los pájaros iban a buscarlo si necesitaban un consejo y todos admiraban su conducta seria y prudente.
Un día, el tunkuluchú recibió una carta, en la que se le invitaba a una fiesta que se llevaría a cabo en el palacio del reino de las aves. Aunque a él no le gustaban los festejos, en esta ocasión decidió asistir, pues no podía rechazar una invitación real. Así, llegó a la fiesta vestido con su mejor traje; los invitados se asombraron mucho al verlo, pues era la primera vez que el tunkuluchú iba a una reunión como aquella.
De inmediato, se le dio el lugar más importante de la mesa y le ofrecieron los platillos más deliciosos, acompañados por balché, el licor maya. Pero el tunkuluchú no estaba acostumbrado al balché y apenas bebió unas copas, se emborrachó. Lo mismo le ocurrió a los demás invitados, que convirtieron la fiesta en puros chiflidos y risas escandalosas.
Entre los más chistosos estaba el chom, quien adornó su cabeza pelona con flores y se reía cada vez que tropezaba con alguien. En cambio, la chachalaca, que siempre era muy ruidosa, se quedó callada. Cada ave quería ser la de mayor gracia, y sin querer, el tunkuluchú le ganó a las demás. Estaba tan borracho, que le dio por decir chistes mientras danzaba y daba vueltas en una de sus patas, sin importarle caerse a cada rato.
En eso estaban, cuando pasó por ahí un hombre maya conocido por ser muy latoso y molesto. Al oír el alboroto que hacían los pájaros, se metió a la fiesta dispuesto a molestar a los presentes. Y claro que tuvo oportunidad de hacerlo, sobre todo después de que él también se emborrachó con el balché.
El maya comenzó a reírse de cada ave, pero pronto llamó su atención el tunkuluchú. Sin pensarlo mucho, corrió tras él para jalar sus plumas, mientras el mareado pájaro corría y se resbalaba a cada momento. Después, el hombre arrancó una espina de una rama y buscó al tunkuluchú; cuando lo encontró, le picó las patas. Aunque el pájaro las levantaba una y otra vez, lo único que logró fue que las aves creyeran que le había dado por bailar y se rieran de él a más no poder.
Fue hasta que el maya se durmió por la borrachera que dejó de molestarlo. La fiesta había terminado y las aves regresaron a sus nidos todavía mareadas; algunas se carcajeaban al recordar el tremendo ridículo que hizo el tunkuluchú. El pobre pájaro sentía coraje y vergüenza al mismo tiempo, pues ya nadie lo respetaría luego de ese día.
Entonces, decidió vengarse de la crueldad del maya. Estuvo días enteros en la búsqueda del peor castigo; era tanto su rencor, que pensó que todos los hombres debían pagar por la ofensa que él había sufrido. Así, buscó en sí mismo alguna cualidad que le permitiera desquitarse y optó por usar su olfato. Luego, fue todas las noches al cementerio, hasta que aprendió a reconocer el olor de la muerte; eso era lo que necesitaba para su venganza.
Desde ese momento, el tunkuluchú se propuso anunciarle al maya cuando se acerca su hora final. Así, se para cerca de los lugares donde huele que pronto morirá alguien y canta muchas veces. Por eso dicen que cuando el tunkuluchú canta, el hombre muere. Y no pudo escoger mejor desquite, pues su canto hace temblar de miedo a quien lo escucha.
Por eso la frase, cuanto el tecolote canta… el indio muere



