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Leyendas
Leyendas del México Antiguo: El Cincuate
Jul 3rd
El Cincuate
El núcleo familiar es receptivo de contenidos orales. Platicas de la familia se enriquecen con las experiencias ajenas, son la tradición o existencia perenne de sucesos que se narran en cualquier poblado del territorio náhuatl como el siguiente:
¿Se acuerdan de “Nacho” ? Preguntó Juanelo. Nunca fue celoso. Siempre fue “campechano” y alegre con todos. El no era chinampero trabajaba de peón y diariamente salía de su casa muy temprano. Vivía en el terreno de la tía Lucía, en el barrio de Caltongo. Pero llegó un día en el que empezó a clavársele una espinita. Su esposa se levantaba antes que él para prepararle su hitacate. Ella le regaba que se levantara: “Anda Nacho, ya es tarde, levántate”, Casi, casi, lo empujaba fuera de su casa.
Poco a poco, Ignacio se fue inquietando. ¿Por qué le apura que me vaya?, Pensaba. Hasta que les platicó a sus amigos lo que sucedía y entonces se rieron de él. Le recomendaron que mejor se diera una vueltecita por su casa, quizás podría llegar a tiempo. Ignacio urdió un plan: salir de su casa para luego, regresar de inmediato y saber la causa por la que su mujer lo echaba, apurándole a que se fuera a trabajar.
Un día salió y se retiró un poco hacia donde podía observar quién era el fulano que entraba cuando él salía. Pero no vio a nadie que entrara, ni a su mujer que saliera. Intrigado, regresó después de un buen rato, se asomó por la rendija de la puerta y se metió sin hacer ruido. Pos sí, su mujer estaba en la cama, boca arriba, con los pechos desnudos, y “él” encima de ella, chupándole un seno. ¡Era un cincuate Gordo y de piel cuadriculada, de escamas amarillas y negras. El maldito animal había metido su cola en la boca del hijo de “Nacho” arrancó al animal y lo mató a palos. Su mujer se llevó el susto de su vida”
-Esos reptiles echan su vaho y lo duermen a uno para hacer de las suyas- dijo estela.
-De inmediato se dieron a buscar el nido del cincuate- prosiguió Juanelo-, y lo hallaron en el tronco de un pirú. Allí el cabresto animal tenía guardados los aretes, anillos, cadenitas y pañuelos de la mujer de “Nacho”.
-Sí, es cierto- afirmó Felipa-, esos arrastrados animales así son: si es macho busca alas mujeres, les echa vaho para dormirlas y les quita sus cosas; si es hembra, entonces les silba a los hombres fuerte, escindida entre las piedras de las cercas o entre los matorrales del campo. Cuando sabíamos que el cincuate rondaba la casa, antes de acostarnos quemábamos cuernos de toro de venas de chiles. Así no se acercaba, huía de ese humo picoso.
-Los cincuates no son venenosos- continuó Juanelo-, eso sí, son muy peligrosos, porque cuando a uno se le enreda aprietan, pueden desprenderle un brazo a una persona o ahorcarla.
Los cincuates son esos reptiles que se arrastran sobre los surcos de las milpas y huyen de las pisadas de los campesinos; Cambian s piel de escamas amarillentas y negras metiéndose en los varales, y allí la dejan espantando a caminantes descuidados. Buscan el calor de los corrales, el de los jacales de chinámiles y el de los petates tibios. No sólo los hay en Xochimilco, si no en el vasto territorio que conquistaron reptando por el suelo mexicano.
Estas leyendas las leí en un libro de leyendas, aunque existen muchas otras. A continuación narrare una historia que me contaron mis abuelos.
Hace muchos años aquí en San Luis Tlaxialtemalco que es el lugar donde yo vivo, existían varios ojos de agua, y se dice que durante muchos años abasteció de agua ala Ciudad de México, el manantial más grande estaba ubicado en san Juan Acuexcomac, donde es ahora el Parque Ecológico que ahora pertenece a los japoneses, bueno esa es otra historia; En ese manantial existían muchos peces llegaban muchos turistas, sábados y domingos y recorrían el bosque y el ojo de agua (antes, bueno todavía la gente del pueblo lo conocemos como el vivero), habían muchas flores, y principalmente amapolas de muy vistosos colores, en este lugar se dice que vivía una sirena, que era la que supuestamente mantenían vivo a ese manantial. El 24 de junio había convivios por las personas del pueblo de San Luis y Tulyehualco, ya que se encuentra ubicado principiando Tulyehualco, a las tres de la mañana empezaban a hacer atoles, tamales y otros antojitos; en el lugar donde estaba el ojo de agua, y dando las cuatro de la mañana llegaban los jóvenes de varios lugares a competir en natación y clavados, y a las 6 de la mañana se terminaba la competencia, después les daban antojitos de los que se habían preparado; a las 10:00 a.m. se reanudaban las competencias y terminaban aproximadamente a las tres de la tarde, y los visitantes permanecían hasta las 8:00 de la noche. Pasaron los años, en algunas ocasiones faltaban el agua en el pueblo, ya que no se contaba con llaves de agua en casa, y tenían que tomar agua en las llaves que se encontraban en las esquinas y cuando faltaba en las llaves tenían que acudir al manantial, entonces un día en el que no había agua fueron varias personas como en repetidas ocasiones, la mayoría eran personas adultas ya que era profundo, y una señora mando a su hijo de 12 años, porque sabia que iban varias personas, en esa ocasión se cuenta que el niño metió su cubeta al agua y de repente miro un pez que asomaba la mitad de su cuerpo, el pez era brillante de una belleza sin igual, el niño descanso su cubeta, y grito ¡ vengan a ver, y el niño lo quiso coger, y cuando lo agarro se le resbalo ya que era muy grande; y regreso a su casa con el agua y le platico a sus padres y hermanos, y al caer la tarde el niño de apellido Xolalpa Arenas, empezó a tener molestias, el decía que le dolían las manos y a ratos la cabeza, y a otro día su estado era más critico, y deliraba, y en su delirio decía que sus manos tenían escamas y que tenía cola de pezcado. El niño relato que el pezcado le dijo que lo cogiera y lo llevara a su casa, que si lo llevaba les iba a dar dinero, ya que esta familia era muy pobre, pero con la condición de que tenía que irse con él al lugar donde vivía el pez. El niño después de haber estado enfermo durante 3 días aproximadamente murió, y todos dicen que fue la sirena que se lo llevo. Y la gente cuenta que a través del tiempo la suerte de esta familia cambio notablemente.
Y al poco tiempo unas personas que acudieron al ojo de agua vieron con asombro, a una mujer de cabellera larga, solo se podía observar la mitad de su cuerpo que se elevaba, como que volaba y se alejaba de ahí, y poco a poco el manantial se fue secando, dicen que aquella mujer era la sirena que se fue para nunca más volver.
En ese tiempo el agua de los canales era clara, pura y las personas del pueblo pezcaban ahí, ya que el agua de los canales provenía del manantial. Pero también se dice que es manantial no existía, en el lugar donde brotó el manantial, había una iglesia, y en una ocasión cuando la gente estaba orando en el lugar, de repente se empezó a hundir el templo ahí ubicado con la gente que estaba ahí dentro, y en ese preciso lugar el manantial ahora ya desaparecido.
Leyendas del México antiguo: El señor del veneno
Jun 27th
Don Fermín de Andueza era un hombre rico, virtuoso y estimado por la gente. Diariamente iba a misa al amanecer, cuando entraba y salía de la iglesia le rezaba a un gran crucifijo, le besaba los pies y depositaba unas monedas de oro en el plato petitorio.
Sin embargo, Don Ismael Treviño, que era egoísta y envidioso con todos, le tenía unos celos absurdos y siempre despotricaba contra Don Fermín e incluso le obstaculizaba algunos negocios y nunca pudo frustrárselos.
Su envidia se transformó en odio y un día planeó matarlo, aplicó un veneno de efecto paulatino en un pastel de hojaldre que le dio a Don Fermín con la mentira de ser obsequió de un concejal amigo suyo. Don Fermín se lo comió y Don Ismael lo espió para asegurarse de que surtiera efecto.
Al día siguiente en la mañana, Don Fermín estando en la iglesia, le rezó al crucifijo como de costumbre y al besarle los pies se ennegreció rápidamente, para absorber todo el veneno de Don Fermín. Los feligreses presentes se sorprendieron del fenómeno; Don Ismael también allí presente, se conmovió y se arrepintió de su odio. Le confesó su propósito a Don Fermín y él lo perdonó. Don Ismael abandonó la ciudad y nadie supo más de él.
Ese Cristo negro se destruyó en un incendio que sólo al Cristo perjudicó y fue reemplazado por otro que está en la Catedral de México.
Leyendas del México antiguo: Cuando el tecolote canta…
Jun 2nd
Leyenda Maya – Leyenda prehispanica
En El Mayab vive un ave misteriosa, que siempre anda sola y vive entre las ruinas. Es el tecolote o tunkuluchú, quien hace temblar al maya con su canto, pues todos saben que anuncia la muerte.

Algunos dicen que lo hace por maldad, otros, porque el tunkuluchú disfruta al pasearse por los cementerios en las noches oscuras, de ahí su gusto por la muerte, y no falta quien piense que hace muchos años, una bruja maya, al morir, se convirtió en el tecolote.
También existe una leyenda, que habla de una época lejana, cuando el tunkuluchú era considerado el más sabio del reino de las aves. Por eso, los pájaros iban a buscarlo si necesitaban un consejo y todos admiraban su conducta seria y prudente.
Un día, el tunkuluchú recibió una carta, en la que se le invitaba a una fiesta que se llevaría a cabo en el palacio del reino de las aves. Aunque a él no le gustaban los festejos, en esta ocasión decidió asistir, pues no podía rechazar una invitación real. Así, llegó a la fiesta vestido con su mejor traje; los invitados se asombraron mucho al verlo, pues era la primera vez que el tunkuluchú iba a una reunión como aquella.
De inmediato, se le dio el lugar más importante de la mesa y le ofrecieron los platillos más deliciosos, acompañados por balché, el licor maya. Pero el tunkuluchú no estaba acostumbrado al balché y apenas bebió unas copas, se emborrachó. Lo mismo le ocurrió a los demás invitados, que convirtieron la fiesta en puros chiflidos y risas escandalosas.
Entre los más chistosos estaba el chom, quien adornó su cabeza pelona con flores y se reía cada vez que tropezaba con alguien. En cambio, la chachalaca, que siempre era muy ruidosa, se quedó callada. Cada ave quería ser la de mayor gracia, y sin querer, el tunkuluchú le ganó a las demás. Estaba tan borracho, que le dio por decir chistes mientras danzaba y daba vueltas en una de sus patas, sin importarle caerse a cada rato.
En eso estaban, cuando pasó por ahí un hombre maya conocido por ser muy latoso y molesto. Al oír el alboroto que hacían los pájaros, se metió a la fiesta dispuesto a molestar a los presentes. Y claro que tuvo oportunidad de hacerlo, sobre todo después de que él también se emborrachó con el balché.
El maya comenzó a reírse de cada ave, pero pronto llamó su atención el tunkuluchú. Sin pensarlo mucho, corrió tras él para jalar sus plumas, mientras el mareado pájaro corría y se resbalaba a cada momento. Después, el hombre arrancó una espina de una rama y buscó al tunkuluchú; cuando lo encontró, le picó las patas. Aunque el pájaro las levantaba una y otra vez, lo único que logró fue que las aves creyeran que le había dado por bailar y se rieran de él a más no poder.
Fue hasta que el maya se durmió por la borrachera que dejó de molestarlo. La fiesta había terminado y las aves regresaron a sus nidos todavía mareadas; algunas se carcajeaban al recordar el tremendo ridículo que hizo el tunkuluchú. El pobre pájaro sentía coraje y vergüenza al mismo tiempo, pues ya nadie lo respetaría luego de ese día.
Entonces, decidió vengarse de la crueldad del maya. Estuvo días enteros en la búsqueda del peor castigo; era tanto su rencor, que pensó que todos los hombres debían pagar por la ofensa que él había sufrido. Así, buscó en sí mismo alguna cualidad que le permitiera desquitarse y optó por usar su olfato. Luego, fue todas las noches al cementerio, hasta que aprendió a reconocer el olor de la muerte; eso era lo que necesitaba para su venganza.
Desde ese momento, el tunkuluchú se propuso anunciarle al maya cuando se acerca su hora final. Así, se para cerca de los lugares donde huele que pronto morirá alguien y canta muchas veces. Por eso dicen que cuando el tunkuluchú canta, el hombre muere. Y no pudo escoger mejor desquite, pues su canto hace temblar de miedo a quien lo escucha.
Por eso la frase, cuanto el tecolote canta… el indio muere
Leyendas del México Antiguo: El fantasma de la monja
May 26th
Durante muchos años y según consta en las actas del muy antiguo convento de la Concepción, que hoy se localizaría en la esquina de Santa María la Redonda y Belisario Domínguez, las monjas enclaustradas en tan lóbrega institución, vinieron sufriendo la presencia de una blanca y espantable figura que en su hábito de monja de esa orden, veían colgada de uno de los arbolitos de durazno que en ese entonces existían. Cada vez que alguna de las novicias o profesas tenían que salir a alguna misión nocturna y cruzaban el patio y jardínes de las celdas interiores, no resistían la tentación de mirarse en las cristalinas aguas de la fuente que en el centro había y entonces ocurría aquello. Tras ellas, balanceándose al soplo ligero de la brisa noctural, veían a aquella novicia pendiente de una soga, con sus ojos salidos de las órbitas y con su lengua como un palmo fuera de los labios retorcidos y resecos; sus manos juntas y sus pies con las puntas de las chinelas apuntando hacia abajo.
Las monjas huían despavoridas clamando a Dios y a las superioras, y cuando llegaba ya la abadesa o la madre tornera que era la más vieja y la más osada, ya aquella horrible visión se había esfumado.
Así, noche a noche y monja tras monja, el fantasma de la novicia colgando del durazno fue motivo de espanto durante muchos años y de nada valieron rezos ni misas ni duras penitencias ni golpes de cilicio para que la visión macabra se alejara de la santa casa, llegando a decir en ese entonces en que aún no se hablaba ni se estudiaban estas cosas, que todo era una visión colectiva, un caso típico de histerismo provocado por el obligado encierro de las religiosas.
Más una cruel verdad se ocultaba en la fantasmal aparición de aquella monja ahorcada, colgada del durazno y se remontaba a muchos años antes, pues debe tenerse en cuenta que el Convento de la Concepción fue el primero en ser construído en la Capital de la Nueva España, (apenas 22 años después de consumada la Conquista y no debe confundirse convento de monjas-mujeres con monasterio de monjes-hombres), y por lo tanto el primero en recibir como novicias a hijas, familiares y conocidas de los conquistadores españoles.
Vivían pues en ese entonces en la esquina que hoy serían las calles de Argentina y Guatemala, precisamente en donde se ubicaba muchos años después una cantina, los hermanos Avila, que eran Gil, Alfonso y doña María a la que por oscuros motivos se inscribió en la historia como doña María de Alvarado.

Pues bien esta doña María que era bonita y de gran prestancia, se enamoró de un tal Arrutia, mestizo de humilde cuna y de incierto origen, quien viendo el profundo enamoramiento que había provocado en doña María trató de convertirla en su esposa para así ganar mujer, fortuna y linaje.
A tales amoríos se opusieron los hermanos Avila, sobre todo el llamado Alonso de Avila, quien llamando una tarde al irrespetuoso y altanero mestizo, le prohibió que anduviese en amoríos con su hermana.
-Nada podeís hacer si ella me ama -dijo cínicamente el tal Arrutia-, pues el corazón de vuestra hermana ha tiempo es mío; podéis oponeros cuanto queráis, que nada lograréis.
Molesto don Alonso de Avila se fue a su casa de la esquina antes dicha y que siglos después se llamara del Relox y Escalerillas respectivamente y habló con su hermano Gil a quien le contó lo sucedido. Gil pensó en matar en un duelo al bellaco que se enfrentaba a ellos, pero don Alonso pensando mejor las cosas, dijo que el tal sujeto era un mestizo despreciable que no podría medirse a espada contra ninguno de los dos y que mejor sería que le dieran un escarmiento. Pensando mejor las cosas decidieron reunir un buen monto de dinero y se lo ofrecieron al mestizo para que se largara para siempre de la capital de la Nueva España, pues con los dineros ofrecidos podría instalarse en otro sitio y poner un negocio lucrativo.
Cuéntase que el metizo aceptó y sin decir adiós a la mujer que había llegado a amarlo tan intensamente, se fue a Veracruz y de allí a otros lugares, dejando transcurrir los meses y dos años, tiempo durante el cual, la desdichada doña María Alvarado sufría, padecía, lloraba y gemía como una sombra por la casa solariega de los hermanos Avila, sus hermanos según dice la historia.
Finalmente, viendo tanto sufrir y llorar a la querida hermana, Gil y Alonso decidieron convencer a doña María para que entrara de novicia a un convento. Escogieron al de la Concepción y tras de reunir otra fuerte suma como dote, la fueron a enclaustrar diciéndole que el mestizo motivo de su amor y de sus cuitas jamás regresaría a su lado, pues sabían de buena fuente que había muerto.
Sin mucha voluntad doña María entró como novicia al citado convento, en donde comenzó a llevar la triste vida claustral, aunque sin dejar de llorar su pena de amor, recordando al mestizo Arrutia entre rezos, angelus y maitines. Por las noches, en la soledad tremenda de su celda se olvidaba de su amor a Dios, de su fe y de todo y sólo pensaba en aquel mestizo que la había sorbido hasta los tuétanos y sembrado de deseos su corazón.
Al fin, una noche, no pudiendo resistir más esa pasión que era mucho más fuerte que su fe, que opacaba del todo a su religión, decidió matarse ante el silencio del amado de cuyo regreso llegó a saber, pues el mestizo había vuelto a pedir más dinero a los hermanos Avila.
Cogió un cordón y lo trenzó con otro para hacerlo más fuerte, a pesar de que su cuerpo a causa de la pasión y los ayunos se había hecho frágil y pálido. Se hincó ante el crucificado a quien pidió perdón por no poder llegar a desposarse al profesar y se fue a la huerta del convento y a la fuente.
Ató la cuerda a una de las ramas del durazno y volvió a rezar pidiendo perdón a Dios por lo que iba a hacer y al amado mestizo por abandonarlo en este mundo.
Se lanzó hacia abajo…. Sus pies golpearon el brocal de la fuente.
Y allí quedó basculando, balanceándose como un péndulo blanco, frágil, movido por el viento.
Al día siguiente la madre portera que fue a revisar los gruesos picaportes y herrajes de la puerta del convento, la vio colgando, muerta.
El cuerpo ya tieso de María de Alvarado fue bajado y sepultado ese misma tarde en el cementerio interior del convento y allí pareció terminar aquél drama amoroso.
Sin embargo, un mes después, una de las novicias vió la horrible aparición reflejada en las aguas de la fuente. A esta aparición siguieron otras, hasta que las superiores prohibieron la salida de las monjas a la huerta, después de puesto el sol.
Tal parecía que un terrible sino, el más trágico perseguía a esta familia, vástagos los tres de doña Leonor Alvarado y de don Gil González Benavides, pues ahorcada doña María de Alvarado en la forma que antes queda dicha, sus dos hermanos Gil y Alonso de Avila se vieron envueltos en aquella conspiración o asonada encabezada por don Martín Cortés, hijo del conquistador Hernán Cortés y descubierta esta conjura fueron encarcelados los hermanos Avila, juzgados sumariamente y sentenciados a muerte.
El 16 de julio de 1566 montados en cabalgaduras vergonzantes, humillados y vilipendiados, los dos hermanos Avila, Gil y Alonso fueron conducidos al patíbulo en donde fueron degollados. Por órdenes de la Real Audiencia y en mayor castigo a la osadía de los dos Avila, su casa fue destruída y en el solar que quedó se aró la tierra y se sembró con sal.
Vía: mitos-mexicanos
Leyendas del México Antiguo: El Diablo que quedo embotellado
Apr 29th
Aqui les traigo otras de las leyendas, tal vez no tan conocidas que hay en la ciudad de México
-Mi abuelita, que en paz descanse, contaba que el diablo se aparecía vestido de catrín, de charro, de chivo o de cómo se le antojaba. A la cueva del diablo iban muchos vecinos a pactar con el pingo. Todavía viven algunos que alguna vez fueron y a los que les dio semillas, dinero, animales, todo lo que querían para volverse ricos.
-Si es cierto. ¡Se acuerdan de los Castillo? ¡Que canoitas de claveles, de coliflores, de calabaza y de ramero las que llevaban al mercado de jamaica! -Intervino el tío “Guecho” y continuó:
¡Y don Santiago dónde lo dejaban? Ese señor trabajaba. Tenía muchos peones que cultivaban sus chinampas. Dicen que los sábados en la tarde, cuando llegaba la hora de pagar les decía: “No se apuren muchachos, ahorita pago”, y se metía en su recamara, en una de esas, como no salía, uno de los peones dijo a los demás: ¡vamos a verlo!, Y todos se fueron a asomar por la rendija de la recámara. ¡A jijo!, ¡Miren nomás 8, se decían entre ellos. No, pos sí ¡Allí estaba ¡Acostado pero no era él sino un toro el que estaba durmiendo.
“Al poco rato el hombre salió. ¡Órale, muchachos ¡Fórmense les gritó, y les pagó con monedas de oro y plata que sacaba a puños de sus bolsillos. ¡Y cómo no, si dicen que a las doce de la noche entraba una serreta al patio de la casa. Quienes llegaron a verla, notamos que a los caballos les salía lumbre por los ojos y los cascos de las patas sacaban chispas de la calle empedrada. En la carreta le llevaban las talegas de oro y se las llevaban el que de veras puede”
-Ya – exclamó Juanelo.
-Pos´ sí, palabra, si es cierto – confirmó el tío “Guecho” sentado frente a todos.
“Mi abuelita me contó de una muchacha muy inteligente que atrapó al diablo, retomó Martina el hilo de la conversación y la atención de todos”:
¡Si . Lo atrapó. Siempre que la muchacha salía de su casa, un charro negro la seguía y le hablaba, y tanta fue su insistencia que la muchacha aceptó un día ser su novia. Pero ella era muy lista, se ganó la confianza del galán y le pidió que la llevara a la casa donde él vivía. Si quieres que sea tu esposa llévame a tu casa, para conocerla, le decía ella. El charro aceptó y un día la llevó a una cueva. Cuando llegaron le dijo a la novia que allí vivía y que tenía todo lo que los seres humanos podían soñar y desear: Ven Mira. Aquí tengo semillas para lograr las mejores cosechas en las chinampas de Xochimilco. Oro. Cofres llenos de oro para quien los pida. Monedas y joyas. Tengo disfraces para los artistas. Vinos de los mejores. Abundantes comidas. Diversiones. Todo. Tú puedes disfrutar también de esto, nada más pídemelo, yo te lo doy, pero quítate eso que traes en el cuello, le pidió con un poco de temor.
El diablo no podía hacerle nada a la muchacha porque ella llevaba una cadenita de oro con un Cristo que le caía en el pecho. Además el diablo era presumido con su novia, le dijo que él era una persona importante porque ayudaba a muchísima gente: a los artistas, a los magos del circo, a los que trabajaban en el teatro, y le mencionaba nombres: Fulano ya es rico porque yo le ayudo…No te creo, le contestaba su novia.
Para desmostar su poder el diablo invitó a la muchacha a un circo que por esos días había llegado a Xochimilco y q8ue se encontraba en os terrenos que conocíamos como el Alfalfar.
¡El circo – habló fuerte Estela- El circo invitaba a la gente del pueblo con muchísima alegría. En aquellos tiempos los artistas organizaban un desfile.
Te voy a llevar para que veas cómo trabajo en el circo, dijo el diablo a su novia _continuó martina-, ella aceptó acompañarlo. Cuando llegaron el diablo se sentó en la luneta: Orita vengo; búscame allá arriba. Allá voy a estar.
La muchacha se divertía mirando a los payasos y a un oso que bailaba al compás del pandero; el mismo animal que actuaba en los cruceros de las calles y en las plazuelas, durante el desfile del circo.
Cuando Tocó el turno de los trapecistas y fueron anunciados con redobles suspensivos, se hizo profundo silencio. Los circenses subieron al columpio y la novia del diablo identificó a su novio vestido también de trapecista. Colgando de las piernas, el diablo lo sujetaba de los tobillos con una evolución bien calculada y ejecutada: perfecta. La gente suspiraba con alivio y aplaudía entusiasmada, sin saber que el diablo los divertía transformado en cirquero.
La muchacha estaba convencida de querer ser la esposa de aquel hombre poderoso. Habló con sus padres: Les comunicó que se quería casar, que su novio era una persona muy importante. Después de interrogarla, sus padres le aconsejaron que no, que aquel hombre no era bueno y finalmente la convencieron para que desistiera.
Así que una tarde, a la hora en que había quedado de verse con él, la chica preguntó: ¡A poco puedes hacer todo lo que quieras?, si pídeme algo, le contestó el diablo.
Ella que tenía preparada una botella- siguió contando Martina-, le dijo: Métete en esa botella. Y el zonzo que se mete. Levantaba la mano y le gritaba aquí su novia, muy risueño: ¡Que tal? ¡Cómo me veo?. Tete chiquito, le contestaba ella. ¡Salte!, y el diablo obedecía, quería de veras a la muchacha. Pero, en la tercera ocación que entró el diablo en la botella, la muchacha le puso rápidamente como tapón, el crucifijo que tenía en el pecho, y quedo encerrado el diablo en la botella ¡Déjame salir!, Gritaba el pobre diablo. Pero la muchacha no se lo permitió y se lo llevó a su casa.
Mostró la botella a sus asombrados papás, quienes miraban y remiraban al charrito. Estaban asustados y acordaron llevar la botella a la parroquia de san Bernardino de Siena. Hasta allá se fueron todos. El sacerdote observó al charrito unos momentos, emitió palabras en latín, hizo que todos rezaran, agrego agua vendita y rompió la botella contra un pilar del altar mayor.
El charro desapareció. El oro, las semillas y todas sus pertenencias también.
Martina concluyó su plática declarando: “La cueva del diablo también desapareció”.

