Category Archives: Ciencia

Noticias de ciencia en general

Sensibilidad química múltiple, o cómo vivir del sufrimiento ajeno


Hola mis amigazos de Tenoch, como siempre les traigo la mejor seleccion de articulos de la red

Tubo de ensayoEl campo de la medicina es un lugar especialmenAviso médico grandete abonado a la aparición de todo tipo individuos con pocos o ningún escrúpulo que no tienen problemas en aprovecharse y vivir del sufrimiento ajeno. Esto es especialmente cierto en los casos de enfermedades graves, incurables y/o de origen desconocido, en los que el paciente se aferra con desesperación ante cualquier promesa de curación o, al menos, de explicación de sus síntomas.

Uno de esos casos es el llamado Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple, últimamente de moda junto con la Sensibilidad Electromagnética, en los que los pacientes reaccionan de forma intensa ante la exposición de cualquier producto químico a niveles que son indetectables e inocuos, en el caso de la SQM, o a cualquier campo electromagnético en el caso de la SE.Sin embargo, cuando los investigadores exponen a los pacientes en condiciones controladas, éstos sólo reaccionan si saben que están siendo expuestos. Reaccionan incluso si no se les expone al estímulo supuestamente responsable pero ellos piensan que sí. En definitiva, un caso de libro de una enfermedad psicosomática. Todo ello fomentado por la creciente quimiofobia y tecnofobia que se expande por nuestra sociedad y que es convenientemente promovida por quienes pretenden lucrarse de una u otra manera de ella.

Los orígenes

¿Y cómo empezó todo? Pues aunque parezca algo nuevo, los vividores de la SQM lleva más de 70 años campando a sus anchas. El inventor de esta enfermedad fue Theron G. Randolph, un alergólogo que a mediados del siglo XX se cansó de seguir el método científico y decidió que era mucho más lucrativo vivir de promover el sufrimiento de sus pacientes.

Theron Randolph, inventor de la Sensibilidad Química MúltipleYa antes de inventarse esta enfermedad Randolph era un médico, por decirlo así, peculiar. A pesar de su formación en alergología, sus puntos de vista ya dejaban entrever lo que vendría después. Así, en 1950 fue expulsado de la Northwestern University Medical School, donde daba clases por enseñar sus visiones pseudocientíficas. Oficialmente fue acusado de “influencia perniciosa en los estudiantes de medicina”. Randolph siempre se mostró orgulloso de este cargo y, sorpresa, atribuyó su expulsión a la censura del malvado “stablishment”.

Esto motivó la ruptura total de Randolph con la medicina científica y, como buen pseudocientífico, decidió que podía vivir de la promoción de sus ideas. El primer paso, cómo no, fue empezar a publicar libros donde se promocionara la nueva enfermedad. Ensayó bastantes nombres antes de encontrar el que tenía más gancho: “Fenómeno de intolerancia química”, “Toxemia alérgica”, “Alergia ambiental total”, o “sida inducido químicamente”, entre otros. ¿Los síntomas? Prácticamente cualquiera que sea subjetivo: depresión, irritabilidad, estornudos, cansancio mental, malestar estomacal, picor de  dedos… Toda una lista con la que cualquiera pueda identificarse, de forma que si uno es un poco sugestionable, queda claro que padece la enfermedad. Así que si uno, por cualquier motivo no se siente bien y comparte las ideas quimiofóbicas de Randolph, la conclusión es clara: SQM.

Y dado que las principales organizaciones médicas descartaron sus ideas y señalaron todos sus fallos, ¿qué hizo? Pues crear su propia rama de la medicina, la llamada “medicina ambiental”. Esta rama no es reconocida por ninguna asociación médica, sin embargo eso no es óbice para que se presente como medicina legítima, con sus propias revistas como Environmental Physician. Como curiosidad, una de las asociaciones que han abrazado sin contemplaciones la promoción de la SQM es la Iglesia de la Cienciología. Dios los cría y ellos se juntan.

La “explicación” de por qué aparece esta enfermedad es muy simple (como no podía ser menos) y muy acorde con el ambiente tecnofóbico que domina ciertos sectores: tenemos un cuerpo desarrollado para la Edad de Piedra y lo usamos en la Edad Espacial. Sólo los productos químicos artificiales son malos, los “naturales” por supuesto, son muy buenos. Como se puede ver, muy en la onda que se vive actualmente.

El éxito

Durante muchos años los promotores de la SQM tuvieron un éxito limitado, hasta que les llegó la oportunidad de oro: la I Guerra del Golfo. Durante esta guerra muchos soldados se vieron expuestos a una amplia variedad de sustancias químicas, desde uranio empobrecido, gases producidos por incendios en pozos petrolíferos a residuos de armas químicas de composición incierta en muchos casos. Como consecuencia, muchos de ellos empezaron a experimentar una amplia variedad de problemas físicos y cognitivos que se parecen vagamente a los descritos por los promotores de la SQM, así que estos, como buitres, se lanzaron a promocionarse asociando la SQM al Síndrome del Golfo.

El éxito conseguido con esta estrategia fue evidente, y dado que la estrategia del Síndrome del Golfo era, por su propia naturaleza, limitada en tiempo y alcance, era obvio que había que ampliar la asociación a otras enfermedades de mayor alcance y que no tuvieran fecha de caducidad. Las elegidas fueron la fibromialgia, esclerosis múltiple y la encefalomielitis miálgica. Estas enfermedades son perfectas para los buitres sanitarios. Sus causas y mecanismos son poco comprendidos, los tratamientos disponibles son muy limitados, son crónicas y, sobre todo, generan una gran frustración en los pacientes, haciéndolos blancos idóneos para ser atraidos por cantos de sirena.

Los pacientes

La consecuencia de éstas acciones no puede ser más trágicas. Los pacientes de fibromialgia, esclerosis y encefalomielitis se ven sometidos a un estrés y sufrimiento añadidos a los propios de su enfermedad cuando son convencidos de que la fuente de sus males son concentraciones minúsculas de productos inócuos. El sufrimiento de los pacientes de SQM “puros” no es menor. Cualquier olor, cualquier perfume, jabón o la simple creencia de que hay algún producto químico es suficiente para generar una amplia gama de síntomas que pueden dejar a la persona inhabilitada.

Pero, como en la mayoría de pseudoterapias, los pacientes se convierten en conversos religiosos, promotores a su vez, de las creencias que les han hecho enfermar. Es un fenómeno ya conocido desde hace mucho. Una cita, atribuida a Benjamin Franklin dice: “No hay mayores mentirosos que los charlatanes, excepto sus pacientes”. Si uno habla con un paciente de neumonía, o de tuberculosis, o de cáncer, sobre su enfermedad, la conversación transcurrirá por cauces normales: se ha descubierto esto, hay un nuevo tratamiento, un antiguo tratamiento ha resultado no ser eficaz, los ensayos de tal medicamento han fallado, etc. Sin más. Si se habla con un paciente de SQM, la historia es muy diferente. La idea de que su padecimiento sea psicosomático es taxativamente rechazada. No importa qué argumento o prueba se le dé, la causa son productos químicos.

La situación es aún peor en pacientes que tienen serios problemas mentales. Como consecuencia de la falta de criterios claros, personas con transtornos mentales graves como depresión o paranoicos pueden, y son, diagnosticados con SQM. De hecho, existen estudios que correlacionan el diagnóstico de SQM con la existencia de problemas mentales previso. Como consecuencia, su enfermedad mental no sólo no es tratada sino que es potenciada por el diagnóstico. Desgraciadamente no son desconocidos los casos de pacientes con SQM o su prima la sensibilidad electromagnética que han llegado a suicidarse y posteriormente se ha demostrado que, en realidad, tenían algún trastorno mental grave.

El principal problema que enfrentan los pacientes es su propia negativa a aceptar un diagnóstico psicológico, exacerbado, todo hay que decirlo, por la falta de tacto que algunos médicos tienen bien por su propia naturaleza o como consecuencia de trabajar en servicios sanitarios saturados. Una vez que la medicina real no les da una respuesta satisfactoria, se convertirán en presas ideales de sinvergüenzas y charlatanes.

Más información

Quack attack

Dubious Allergy-Related Practices: Clinical Ecology and the Feingold Diet

Esquela de Theron Randolph

Artículo en Science Based Medicine

Psychiatric and somatic disorders and multiple chemical sensitivity (MCS) in 264 ‘environmental patients’.

Artículo en Quack Watch

Multiple chemical sensitivities: A systematic review of provocation studies

Via:
%source%


¿Tiene el universo un propósito?


A ver que les parece este articulo, lo saque de uno de nuestros blogs favoritos

Evolución_Universo_WMAPEl astrofísico y divulgador Neil deGrasse Tyson responde a esta reiterada pregunta en el siguiente video

P.D.

Gracias a Pyrander por añadir los subtítulos.

Ve el articulo aquí:
¿Tiene el universo un propósito?


El cambio climático en el Océano Glaciar Ártico


Les comparto este Post de uno de nuestros Blogs favoritos

deshielo-artico-nasaComo una imagen vale más que mil palabras les dejo con un video presentado esta semana por la “National Oceanic and Atmospheric Administration” estadounidense durante una conferencia sobre cambio climático en donde se muestra la pérdida de hielo en el Océano Glaciar Ártico en el periodo 1987 y 2013.

Entradas relacionadas:

* Calentamiento global, cambio climático y viejas pandemias

* Ciclo del carbono y cambio climático

* Ciencia, anticiencia y religión según el físico y filósofo norteamericano Victor Stenger

* Imágenes del cambio climático

* Negacionismo climático: siguiendo el olor del dinero

* Nuevo estudio sobre cambio climático y consecuencias en la biodiversidad

* Por qué los fundamentalistas no se preocupan por el Cambio Climático

Via:
La Ciencia y sus Demonios


Cinco cuestiones que me surgieron tras ver un documental sobre homeopatía


Para todos los lectores de Tenoch a ver que opinan de este Post que me parecio interesante

1El otro día me entretuve viendo un programa de la Sexta que trataba sobre la homeopatía. El programa intenta realizar una investigación mostrando los argumentos de quienes defienden y de quienes critican la homeopatía. Fue interesante, aunque desde mi punto de vista dejó en el aire muchas más preguntas de las que contesta. No lo critico, dejar al espectador pensar y sacar sus conclusiones lo dignifica, considera que sus espectadores son lo suficientemente maduros para seguir buscando más respuestas por otros medios. El único pero que le encuentro al reportaje es que muchas de esas preguntas podían haber sido contestadas con facilidad, o al menos podían haber mostrado el camino para encontrar dichas respuestas. De hecho a mí me quedaron muchas preguntas sin contestar en el tintero, que voy a dividir en 5 bloques para su posible discusión.

1. Si tanta gente usa la homeopatía, ¿será porque funciona? El que mucha gente haga una cosa no implica necesariamente que esa cosa reporte un beneficio; sin querer comparar con la homeopatía podría citar ejemplos como el fumar o el consumo de comida “basura” como comportamientos poco saludables muy extendidos. Pero cuando mucha gente usa algo y dice encontrar beneficio deberíamos plantearnos lo que hay detrás. ¿Realmente la homeopatía sana o es el efecto placebo lo que nos sana?, ¿realmente están enfermas las personas que toman homeopatía o su enfermedad está en sus cabezas?, ¿es la sugestión lo que realmente nos sana?

Se han escrito tratados de grueso calibre para contestar cada una las preguntas que planteo. Por una parte sería un insulto afirmar que todas las personas que encuentran curación en la homeopatía son unas enfermas mentales, pero por otro sería un tremendo error pasar de puntillas, por no querer molestar a nadie, sobre el poder de la sugestión. Igual que también que sería un error no analizar a fondo la dinámica de algunas enfermedades y del poder de la casualidad (que no causalidad). Sé que las experiencias personales no tienen el menor valor probatorio, a menos que se estudien globalmente, con análisis estadístico contando además con los correspondientes controles, pero no me resisto a contar una anécdota personal. En los dos pasados inviernos, coincidiendo con el principio del mes de febrero, sufrí sendos catarros que me hicieron pasar una semana sumido en un mar de estornudos y toses. El pasado otoño lo comenté en una reunión, y una amiga me intentó convencer de que este año debía emplear un tipo de homeopatía que ella conocía que impediría que pasara por esa semana tan molesta. Sus argumentos parecían muy fuertes, tanto que me hizo dudar. Pero al final fui cabezota y me mantuve en la mía. Curiosamente este mes de febrero (así como lo que llevamos de invierno) lo he pasado sin acatarrarme. ¿Qué hubiese pensado si hubiera tomado homeopatía, qué rápida conclusión podía haber sacado? A esto me refiero cuando escribo sobre el proceso de una enfermedad, mucha gente acude tras una larga dolencia que no se acaba de ir, y justo remite cuando se toma homeopatía, ¿curación, casualidad por desaparición espontánea de la enfermedad, placebo? Dado que aquellos a los que no les funciona tiran el bote a la papelera y no suelen decir nada (el complejo de culpa por sentirse estafados impide a muchos publicitar su experiencia) es complicado conocer con detalle qué está pasando realmente. Y dado que ni la “bigfarma” ni la “bighomeo” parecen estar muy interesadas en este tipo de estudios, yo sigo con estas dudas.

2. ¿Cómo es que algo que no tiene principio activo puede curar? Sobre esto hemos dedicado varios artículos en este medio. Antes de seguir he de hacer una separación entre productos homeopáticos que poseen principio activo y aquellos que no lo tienen. El primer grupo está formado por las diluciones bajas, aquellas que permiten que moléculas de una determinada sustancia se mantengan; en el segundo grupo están aquellas diluciones que acaban con cualquier rastro de molécula de principio activo. Para mí, las primeras (especialmente si apenas existe dilución) no se diferencian demasiado de medicamentos que podemos encontrar en la farmacopea o en herbolarios; sí, vale, tienen un mecanismo de realizar la dilución sumamente curioso pero, ¿tanto como para significar alguna diferencia?, ¿realmente mover los frascos tal y como el reportaje muestra produce alguna diferencia? Me cuesta creerlo.

Que el segundo conjunto de diluciones no deja molécula de principio activo queda claro en el reportaje: el análisis químico empleando técnicas ultrasensibles sólo identifica azúcares (del excipiente), uno de los dice saber más de homeopatía en Espala y una alta directiva de Boiron lo reconocen. Recalco esto porque por decir algo así he recibido más de un comentario agresivo en este medio. Vale, es algo en lo que podeos estar de acuerdo pero, ¿cómo puede funcionar cuando no hay principio activo? El experto nos dice que es debido a la memoria del agua. Lo dice muy convencido, debe conocer algo que yo no sé, porque de existir algo así estaría publicado en las mejores revistas, y a día de hoy sólo existe un artículo rechazado por no ser reproducible, y los intentos reproducir esos resultados han sido muy dispares y poco categóricos. La alta directiva de Boiron no emplea la memoria del agua como argumento, simplemente dice que la homeopatía funciona, pero no sabe por qué, que esa es una pregunta abierta que debe contestar la ciencia en el futuro. Y para eso Boiron financia revistas e investigadores para probar sus preparados tal como hacen las farmacéuticas con los suyos, aunque existen muchas diferencias entre ambos tipos de investigaciones. La pregunta que acude en este caso a mi mente es: ¿y si la homeopatía funciona por sugestión? Cabe la posibilidad de que la detección de la memoria del agua no sea más que el reflejo de un artefacto de laboratorio y que los resultados positivos de algunos preparados homeopáticos se deban exclusivamente al efecto placebo, a la sugestión. Entonces, dará lo mismo “dinamizar”, usar extractos de plantas o simplemente vender bolitas de azúcar. Todo el valor terapéutico podría venir del trato médico-paciente. Y entonces, ¿para qué hacen falta todas esas bolitas de botes coloreados?, y sobre todo ¿se están haciendo suficientes investigaciones sobre el valor de la sugestión? Podríamos llevarnos sorpresas y algo me dice que las que saldrían perdiendo con esos resultados serían muchas terapias alternativas.
2
El proceso de “dinamización” comentado en el reportaje también me ha llamado mucho la atención. Se nos dice que por vez primera unas cámaras muestran como se fabrica un medicamento homeopático, no parece estar descubriendo ningún secreto, en tanto en cuanto Boiron tiene colgado un vídeo en YouTube que muestra el proceso. En dicho vídeo se puede ver que la agitación entre cada dilución (dinamización) es muy importante. La dilución final (la que decida el fabricante) es la terapéutica, pero esa no se vende tal cual, sino que se emplea para empapar unas bolitas de azúcar. Estas bolitas se empapan, pero con el paso del tiempo el agua se evaporará, de hecho al sacar las bolas están secas. Si el agua tenía memoria y ésta ha desaparecido, ¿debemos esperar que las características del agua hayan sido captadas por el agua de solvatación de los azúcares?, ¿no suena algo mágico? Pero eso no es todo, una homeópata veterinario nos dice que la homeopatía no puede ser placebo porque también beneficia a los animales (iré más tarde sobre ello) y como gran argumento nos comunica que cuando se coloca el “medicamento” en agua de beber de los animales éste también funciona. Es curioso, porque ahora se vuelve a diluir el preparado desde una pastilla que no tiene principio activo y esperamos que la memoria funcione en la nueva dilución sin dinamización. ¿Tenemos memoria del agua “ad infinitum”? Con la cantidad de productos homeopáticos que se usan al día en todo el mundo (al menos el mundo más desarrollado), tendríamos ya principios sanadores por todo el planeta sin necesidad de comprarlos. Esto es una ironía, lo confieso y lo siento, pero es que no me manejo bien entre unas respuestas que suenas esotéricas.

No quiero dejar pasar el momento divulgativo del reportaje: ¿realmente no hay nada en un compuesto homeopático?, ¿qué pasa si tomamos una sobredosis homeopática? El divulgador Luis Alfonso Gámez, administrador de Magonia ingirió 40 pastillas de un supuesto somnífero homeopático delante de la cámara. Todos sabemos qué ocurre al tomarse una caja de lorazepam (no hagáis este experimento en vuestras casas, os exponéis a un lavado gástrico o algo peor), pero parece que esas 40 pastillas no surtieron ningún efecto aparente en el entrevistado, más allá de dulzor en la boca.

3. El placebo en niños y animales. En el reportaje aparecen escépticos de la homeopatía que argumentan a favor del efecto placebo como explicación de los casos beneficiosos que relatan los usuarios de esta terapia. Como contra-argumento se dijo que ésta no puede ser la causa ya que la homeopatía también trata niños pequeños y animales de granja o mascota. El ejemplo aparece ilustrado por veterinarios que ofrecen homeopatía para tratar animales. Y ahí queda la cosa, se ve que no encontraron a nadie que contradijera este argumento. Sin embargo algo se ha avanzado en el estudios de los efectos placebo y nocebo que han descubierto que (i) los animales que nos acompañan también sufren el efecto placebo tal y como muestran estudios con animales de experimentación realizados en la Universidad de Florida, (ii) también afecta incluso cuando el paciente sabe que está recibiendo un placebo como muestra una publicación de PLOS ONE o (iii) también afecta a niños pequeños y bebés. Estos resultados obligan a que no se puede descartar el efecto placebo como posible explicación a los efectos positivos de la homeopatía y contesta a muchos comentarios que han empleado este argumento en este medio.
3

4. Poderoso caballero es Don Dinero. El reportaje deja claro que las cifras que maneja la homeopatía no son para nada insignificantes. Si se acusa a la “bigpharma” de ser un gigante mercantil, tampoco debemos dejar atrás a Boiron, una empresa que factura millones de euros al mes a partir de unas materias primas de escasísimo coste, al menos en la mayoría de los casos. En España se expiden 19.000 productos homeopáticos diferentes, una cifra que no está nada mal; ¿no es esta cifra algo contradictoria con el supuesto efecto holístico que se supone a esta terapia? Las cifras dinerarias que se manejan son altas, y en mi opinión ayudan a entender la premura con la que se ha efectuado la regularización de los productos homeopáticos en estos tiempos de crisis: los impuestos. Se manejan cifras muy altas, así que a hacienda le viene bien llevarse un buen mordisquito. Porque si esa regulación se hace para defender los intereses de los clientes, ¿por qué no se exige que cada compuesto homeopático que hay en el mercado demuestre su eficacia?, ¿por qué no se da el mismo tratamiento a otras terapias alternativas que también se venden en farmacias o herbolarios? Es curioso, pero un conocido que trabaja en un herbolario está que trina porque esta regulación le impide vender homeopatía en su establecimiento. Lo más llamativo es el argumento que esgrimió para mostrar su contrariedad: “el ministerio de sanidad español afirma en un escrito que la homeopatía nunca ha demostrado científicamente que haya curado una sola enfermedad, pero a la vez regula la venta de estos compuestos en farmacias, que alguien me lo explique”. Pues sí, no vendría mal dicha explicación.

5. El dispensador de homeopatía. La homeopatía se vende en farmacias, ¿pero quién las receta? Hay médicos y veterinarios que recetan homeopatía, la han incorporado entre sus drogas recomendadas. Incluso hay médicos que trabajan para la sanidad pública a jornada parcial y ejercen como médico homeópata en otras horas. ¿Conflicto de intereses? Habrá casos en que sí, otros en los que no. Pero lo más llamativo es que muchos no son médicos en activo, ni tan siquiera son licenciados en medicina. Esto lo he dicho muchas veces en este blog, recibiendo fuertes críticas por ello. El reportaje nos muestra por una parte a médicos que cobran entre 70-100 euros por consulta (la sanidad pública española no cubre estos tratamientos) que dedican al paciente un tiempo que ya quisiera cualquier facultativo de un gran hospital. Este tiempo es importante para realizar el diagnóstico, pero sobre todo lo es para que el paciente gane confianza con su médico y con el tratamiento. Si la sugestión juega un papel en la curación, los homeópatas ganan por goleada a unos médicos que tienen las consultas llenas y que no pueden dedicar más unos pocos minutos a cada paciente. El reportaje nos muestra por otra parte la peor cara de las terapias alternativas, esa en la que las autoridades deberían intervenir: prácticamente cualquier persona puede jugar con tu salud sin tener conocimientos médicos. Supuestos “naturistas” que siguen cursos difusamente regulados y validados por las autoridades académicas acaban reconociendo pacientes, sin haber estudiado medicina. No apelo a la “titulitis” sino a la adquisición de conocimientos indispensables para discernir cuando una persona tiene una determinada patología. No hablo de médicos que se han especializado en homeopatía tras acabar sus estudios de medicina, sino de cualquier tipo de profesional (como la licenciada en historia del reportaje) que podría acabar teniendo una consulta con pacientes esperando una respuesta médica. ¿Acaso eso no se puede regular?

Historias relacionadas:

Las cuentas de la homeopatía

Holanda pide a la homeopatía que demuestre su capacidad de curar

Cuando Hahnemann intent curar la escarlatina con homeopatía

10 razones para no creer en la homeopatía

La memoria del agua (I): las fábulas de Emoto

La memoria del agua (II): de Benveniste a Ennis

La corta historia de la memoria del agua

El número de Avogadro es un mito

Como me convertí en un homeópata especialista titulado. El plan de estudios más simple del planeta

Un paseo por la literatura homeopática

PermaLink original:
Cinco cuestiones que me surgieron tras ver un documental sobre homeopatía


El cerebro y la mente según la ciencia


A ver que opinan de este post que me encontre en la red

Una excelente charla de Sebastian Seung, neurocientífico, explicando como la ciencia avanza poco a poco para dar respuesta a una de las preguntas filosóficas más antiguas.

Via:
La Ciencia y sus Demonios