La Alameda Central es el parque público más antiguo de la Ciudad de México y uno de los lugares de esparcimiento publico más conocidos por los habitantes de la ciudad de México.

alameda desde torre latino

Fue creada en el siglo XVI por el Virrey Luis de Velasco, quien ordenó que se creara un paseo para darle belleza a la ciudad y fuera lugar de recreo de sus habitantes.

Para crearla se sembraron un gran número de álamos en el límite oriente de la entonces joven ciudad virreinal, ahora el centro histórico de la ciudad, al sur del Templo de la Santa Veracruz y limitada por las actuales Avenidas Hidalgo y Juárez.

Alameda central

Se le nombró desde entonces Alameda por los alamos, aunque en vista del lento crecimiento estos se decidió retirarlos y sembrar en su lugar fresnos y sauces debido a su desarrollo más rápido. Sin embargo el nombre de Alameda perdura hasta nuestros días.

Tras la culminación del mandato del virrey Velasco, la Alameda decayó hasta el punto de haber sido utilizada por vecinos de la ciudad para que pastaran sus caballos. En respuesta a tal situación, fue bardeada y así permaneció durante varios siglos. Incluso durante varios años funcionó en el limite poniente del parque, en la plazoleta de San Diego, la hoguera de la Inquisición, donde eran condenados a muerte ateos, judíos o cualquier persona que no fuera conveniente para el régimen.

Años más tarde, con la ascensión al trono de España de la dinastía de los Borbón, Felipe V, quien había conocido la belleza de los jardines de Versalles y la preocupación por la belleza característica de la corte del Rey Sol, encargó personalmente para la Alameda, que se construyeran varias fuentes, se sembraran nuevos árboles y ampliaran las portones de acceso al parque. Asimismo ordenó que el propio virrey de la Nueva España debería velar personalmente por el buen estado de este jardín. En 1775, el virrey Carlos Francisco de la Croix amplió las calzadas laterales de la Alameda, la cual tomó ahora una forma rectangular en vez de la cuadrada que había tenido hasta entonces, de igual modo trazó las calzadas interiores y se mandaron construir cuatro nuevas fuentes. Durante esa etapa la Alameda era el sitio favorito para el amor, a ella acudían todos los jóvenes y doncellas casaderas, que tras elaborados ritos de gestos y señas con su pañuelo y claro, con una rigurosa supervisión por parte de sus familiares podían iniciar un romance.

Durante la duración del Segundo Imperio, la Alameda Central era uno de los paseos favoritos de la emperatriz Carlota, esposa del emperador de México, Maximiliano de Habsburgo. Carlota Amalia mejoró la jardinería del lugar con la siembra de una gran cantidad de rosas y donó la fuente de “Venus conducida por céfiros” obra del escultor Mathurin Moreau. Posteriormente el presidente Benito Juárez mandó derribar los muros de la Alameda para “evitar crímenes que pudieran cometerse a favor del abandono y de las sombras”. Asimismo introdujo un sistema de iluminación en 1868.

Porfirio Díaz, como parte de las obras que emprendió para el mejoramiento de la ciudad, dio mantenimiento a la Alameda Central y mandó edificar el Palacio de Bellas Artes en el límite oriente y erigió el Hemiciclo a Juárez en el costado sur del parque, donde anteriormente se encontraba el Kiosco Morisco, que tras una breve estadía en esta alameda, fue traslado en 1909 a la Colonia Santa María La Ribera a algunos kilometros de la alameda.
La Alameda Central ha sido desde su creación un sitio de reunión de todas las clases de la sociedad mexicana por igual, un sitio donde se reúne y se convive en un espacio cubierto por árboles y arrullado por fuentes de personajes mitológicos que miran cambiar las modas e ideas de cada época, desde la intolerancia religiosa, hasta la vertiginosa modernidad de nuestro tiempo.

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