La búsqueda de nuevos antibióticos


Chequen esta informacion publicada en uno de nuestros blogs favoritos

germen-resistente bacteria antibioticoLa doctora Naowarat Cheeptham investigadora de la Thompson Rivers University y experta en antibióticos nos explica muy didácticamente en este video la importancia de estos medicamentos y como ella y el resto de su grupo de investigación trabajan para obtener nuevos compuestos con actividad antimicrobiana.

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La búsqueda de nuevos antibióticos


Los países actuales del mundo en los tiempos de Pangea


A ver que opinan de este post que me encontre en la red

Mapa-pangea

Fuente: imgur vía blogs.publico.es

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Los países actuales del mundo en los tiempos de Pangea


Ensañamiento terapéutico y aumento del gasto sanitario debidos a las creencias religiosas


Excelente articulo que pense en compartirles

1 sacralidad vida humana don dios inviolableAunque las religiones presentan una innumerable variedad de creencias, dogmas o rituales mutuamente excluyentes (y demasiado a menudo porfiadamente enfrentados entre sí), la idea de la sacralidad de la vida en todo momento y bajo cualquier circunstancia es uno de los pocos elementos comunes a los dictados de sacerdotes, ayatolas, rabinos y demás mediadores de lo divino. Pero desgraciadamente, en muchos casos esta ortodoxia inamovible conlleva no sólo el sufrimiento más despiadado sino también el despilfarro económico más inútil.

Diversos estudios realizados a lo largo de los años sugieren que las personas a menudo suelen recurrir a la religión cuando se enfrenta a situaciones de estrés y que la religión se vuelve más importante cuanto mayor es el nivel de esta ansiedad. Y quizás uno de los mayores motivos de angustia del ser humano es cuando nos enfrentamos a una enfermedad grave, máxime cuando se trata de pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos (UCI). Pues bien, para analizar el papel de la religiosidad sobre la atención médica unos investigadores estadounidenses realizaron un estudio que ha sido recientemente publicado examinando diversas variables médicas y económicas de los registros de más de 2.000 pacientes ingresados en cuidados intensivos de hospitales estadounidenses.

Primero se estudiaron aquellos enfermos terminales ingresados y que habían fallecido durante los 30 días posteriores a su admisión en la UCI. Y los resultados no pueden ser más llamativos, ya que el estudio encuentra una notable asociación entre la afiliación religiosa con diversos marcadores de agresividad en el tratamiento médico recibido. Así frente a los enfermos no religiosos, los pacientes religiosos habían estado de media un 23% más de días hospitalizados y había transcurrido un 30% más de tiempo hasta su muerte. También los creyentes estuvieron un 25% más de tiempo conectados a máquinas de ventilación y respiración asistida. En resumen, los enfermos religiosos habían soportado mayor grado de tratamientos médicos agresivos, por lo que se puede hablar de ensañamiento terapéutico o distanasia (lo contrario a la eutanasia) ligado a las creencias religiosas.

Cuando se analizaron los gastos médicos asociados a ambos tipos de pacientes se encontró que esta distanasia implicaba un aumento de un 23% de los gastos hospitalarios ligados a los enfermos religiosos. Teniendo en cuenta que los autores del estudio calcularon en alrededor de 200.000 dólares por paciente el costo de los cuidados intensivos en este tipo de enfermos, estaríamos hablando de unos 45.000 dólares despilfarrados únicamente en prolongar artificialmente el sufrimiento de cada uno de estos pobres enfermos. Y tal y como indican diversos estudios [1, 2 y 3] la atención a este tipo de enfermos terminales es una de las principales partidas del gasto sanitario de los EEUU y por extensión del resto de los llamados países desarrollados, por lo que quizás estemos hablando de miles de millones de dólares (o euros en el caso europeo) que se dilapidan cada año innecesaria y sádicamente en el incuestionable altar de la sacralidad de la vida humana debido al adoctrinamiento religioso.

Además, los autores del estudio analizaron también si entre todos los pacientes de la UCI existían diferencias entre la supervivencia de ambos tipos de enfermos (recordemos que todo el análisis anterior se realizó sólo con aquellos pacientes que habían fallecido durante los 30 días siguientes a su admisión), no encontrándose diferencia alguna ligada a la religiosidad. Por tanto, ello descartaría que los pacientes religiosos tuvieran algún tipo de “reserva fisiológica” (como lo denominan los mismos autores del estudio) o mayor “ansia o apego a la vida” que los no religiosos (cosa que no entiendo, puesto que una persona religiosa debería estar en principio más satisfecha con morir, verse con su creador y disfrutar de la vida eterna, a no ser que piense que ha sido un mal creyente y que va a arder toda la eternidad en el infierno por sus pecados, en cuyo caso siempre será mejor un poco más de agonía en la Tierra que no toda una eternidad en las calderas de Pedro Botero), por lo que los autores concluyen finalmente que

La afiliación religiosa se ??asocia con unos cuidados intensivos más agresivos, sin mejoría alguna en la supervivencia global entre los pacientes críticamente enfermos o heridos.

La asociación entre religiosidad y recepción de asistencia médica más agresiva se ha demostrado previa y específicamente en pacientes oncológicos [4, 5 y 6]. Y como la mente del creyente es un pozo sin fondo de irracionalidad, pues muchos pacientes religiosos, habitantes de los profundos estados sureños del Cinturón de la Biblia estadounidense, ven la atención médica agresiva en pacientes en fase terminal como un medio a través del cual su dios actúa, es decir consideran a los médicos como simples autómatas o marionetas bajo la guía y dirección del supuestamente todopoderoso dios cristiano [7], que por motivos incognoscibles quiere seguir viendo sufrir a su bienamada criatura, alargando al máximo su terrible agonía. Además también otros pacientes (y no lo olvidemos sus familiares) fuertemente creyentes quieren continuar el máximo tiempo posible con cualquier tipo de atención médica, (incluso las más agresivas en contra muchas veces del criterio médico) con el desesperado e irracional anhelo de un milagro [8, 9 y 10], como si su todopoderoso dios no pudiera realizar el portento completo y necesitara, por tanto, de la ayuda de la más avanzada tecnología médica actual para llevar a cabo su omnipotente designio: el salvar a su familiar o a sí mismo de ese terrible cáncer que ha metastatizado por todo el organismo. Misterios insondables para la mente de este pobre ateo.

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Ensañamiento terapéutico y aumento del gasto sanitario debidos a las creencias religiosas


Preguntas para mentes inquietas


Hola amigos y amigas de Tenoch, como siempre les traigo la mejor seleccion de articulos de la red

pregunta
Son preguntas que seguro que alguna vez os habéis hecho. Eso sí, cuando estáis cabeza abajo o en uno de esos momentos en los que la lógica deja de tener sentido en vuestra mente; de ahí brotan estas preguntas de respuesta incierta:

El arsenito ¿es un arsénico que no ha pasado a su forma adulta?

¿Cuál es la jornada laboral de un perezoso?

¿Cuántos meses tiene un año-luz?

¿En qué parte del cuerpo se encuentran las células padre?

Si una nave supera la velocidad luz, ¿con qué luz podríamos leer el periódico en ella?

¿Existen los agujeros blancos?

¿Qué ocurre si se parte una supercuerda?

¿Cuál fue la causa de la muerte del Mar Muerto?

El acelerador de partículas, ¿provoca partos prematuros?

El kiwi, ¿se pela o se despluma?

¿Puede una mujer dar a luz en un universo sin fotones?

¿Cuál es la fórmula de la ley de la levedad?

¿Cuántos días tiene febrero en un año trisiesto?

Si colocamos un Geiger encendido frente a una muestra de radio, ¿qué emisora sintoniza?

Si el universo es infinito, ¿se considerará un timo vender billetes de ida y vuelta a sus extremos?

¿Se escogen sementales entre los reproductores de sonido?

Si existe una deidad que está en todos los sitios a la vez, entonces, ¿es móvil o inmóvil?

¿Qué hubo antes del huevo y la gallina?

Via:
La Ciencia y sus Demonios


Magnitudes y percepción


Les comparto este articulo que encontre en la red

magnitudesSi imagináramos una cadena humana en la que participaran todos los habitantes del planeta, esta sería de tal magnitud que cubriría casi treinta veces la distancia de la Tierra a la Luna.

Supongo que este dato les choca poco a los lectores, pues somos conscientes del ingente número de seres humanos que poblamos nuestro mundo.

Sin embargo, si les dijera que concentrando a toda la humanidad de tal manera que cada uno de nosotros estuviera a metro y medio de sus vecinos más próximos, cabríamos perfectamente en la provincia de Cuenca, quizás la sorpresa fuera algo mayor.

Lo único que hemos hecho ha sido pasar desde un estado lineal en una dimensión (la cadena humana) a un estado en dos dimensiones (superficie de Cuenca). Resulta sorprendente cómo cambia totalmente nuestra percepción de la magnitud, en este caso lo que ocupa la humanidad, añadiendo simplemente una dimensión extra.

Realizando la transformación contraria también nos podemos llevar grandes sorpresas. Pensemos por ejemplo en el ADN de nuestras células. Este material genético, cuya estructura principal es una doble cadena de nucleótidos, se encuentra empaquetado en el núcleo celular, una estructura tan pequeña que no puede ser vista sin utilizar un microscopio, dado que su tamaño medio en los mamíferos es de 6 micrómetros (6 milésimas de milímetro).

Pues bien, si desenrolláramos todo el ADN contenido en los cromosomas de los aproximadamente 50 billones de células que forman nuestro organismo, obtendríamos un filamento de 115.000.000.000.000 metros, nada menos que ¡115 mil millones de kilómetros!, más de 19 veces la distancia hasta Plutón. Y eso con una sola persona.

Al considerar una tercera dimensión, el asunto se pone todavía más interesante: imaginemos todos los océanos de la Tierra, con sus 361 millones de km² de superficie (donde, por cierto, cabrían nada menos que 23.000 humanidades nadando a metro y medio una persona de otra) y sus 3,9 km de profundidad media. Pues bien, si reuniéramos todo esa agua y le sumáramos la de los glaciares, lagos, ríos y nubes, tendríamos unos 1.500 millones de kilómetros cúbicos, lo que supondrían unas pelotitas como estas:

worldsfreshwater

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Nuestra forma de mirar las cosas

Curiosas transformaciones como las descritas hay a centenares, y se deben a que el ser humano tiene una forma muy peculiar de percibir las magnitudes, fruto de su adaptación al medio a lo largo de millones de años de evolución.

Como cazadores-recolectores, nos servía de poco calcular la distancia de Madrid a Noruega, pero resultaba muy útil estimar los 50 metros que nos separaban de un león plácidamente tumbado en lotananza. De igual manera, formar una imagen mental de una superficie equivalente al continente africano no resultaba en absoluto útil a nuestros ancestros de la sabana (ni a los más antiguos antepasados arborícolas); por el contrario, la estimación de superficies más pequeñas, como un prado que atravesar al descubierto, sería muy rentable. Lo mismo ocurre con el resto de magnitudes, sea un número de objetos, peso, etc.

Esta limitación la arrastramos hasta nuestros días, y nos enfrentamos a ella a diario. ¿Cuántas veces hemos sido incapaces de comprender la cantidad real de dinero que representan siete mil millones de euros o los 255.000 billones de kilómetros que nos separan del centro galáctico? Sin embargo, seguimos siendo muy capaces de estimar el número de manzanas que hay en una caja de fruta o la distancia hasta el próximo bar.

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Tan grande como tres campos de fútbol

En numerosas ocasiones, recurrimos a la comparación con distancias, superficies o volúmenes conocidos para hacernos una mejor idea de ciertas magnitudes.

Así, es frecuente utilizar campos de fútbol para dar una idea de tamaño o pisos de diez plantas para hacernos la idea de algunas alturas.

Pongamos un último ejemplo tradicionalmente utilizado para  ilustrar la utilidad de esta comprensión diferencial de las cantidades, y que nos demuestra como tenemos estructurado el cerebro para evaluar magnitudes en pleno siglo XXI.

teImaginemos que nos proponen transportar mil millones de guisantes desde Almería a Madrid. A priori, salvo que seamos productores hortícolas experimentados, ni siquiera sabemos si tal empresa es posible y, en caso de que lo fuera, si resultaría rentable. Realmente, no tenemos ni idea de cuánto ocupan mil millones de guisantes.

Nuestro cliente podría ayudarnos diciendo que tenemos que transportar una fila de guisantes de 5.000 kilómetros de longitud o, lo que es lo mismo, poco menos que la distancia entre Madrid y Nueva York. Aunque esto nos dé una idea algo más aproximada que la mera cantidad, aún nos costaría bastante calcular siquiera la posibilidad o imposibilidad manifiesta del transporte.

Indignado con nuestra ignorancia, nuestro interlocutor nos dice que es una superficie equivalente a tres campos de fútbol llenos de guisantes. Indudablemente, hemos mejorado. Esto, al menos, nos da una idea clara: la empresa no es imposible pero, ¿Cuánto costaría?

Para poder estimarlo sin hacer demasiados cálculos, bastaría añadir una tercera dimensión. En un derroche de compasión, el horticultor nos revela que, amontonándolos, los mil millones de guisantes formarían un cubo de cinco metros de lado, es decir, un volumen similar al que ocupan diez turismos.

Con este último dato ya podemos evaluar, aunque sea “a ojo” la situación: nos harían falta apenas dos camiones para realizar el anhelado transporte, con lo que no solo resulta abordable, sino que podríamos avanzar un presupuesto aproximado.

De todas formas, cuidado con las aproximaciones rápidas. Podríamos caer en el error de estimar los camiones necesarios para mil millones de cerezas comparándolas con los guisantes. Si, tirando por lo alto, estimamos que una cereza será como diez o quince guisantes, resulta sencillo extrapolar que necesitaríamos de veinte a treinta camiones para realizar el transporte.

Gran error, y la quiebra para nuestra empresa: no podríamos transportarlos con menos de 120 camiones. Y es que, los errores, también se multiplican exponencialmente al aumentar las dimensiones.

Nota: los cálculos empleados en el presente artículo son muy aproximados y no representan la realidad. En ellos se ha supuesta la misma medida estándar para todas las piezas de fruta (0,5 cm de diámetro para los guisantes y 2 cm para las  cerezas), y se ha ignorado la necesidad de cajas o cualquier otro medio de embalaje, suponiendo que la distribución de las piezas es uniforme.

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Bonus track:

Via:
La Ciencia y sus Demonios