Preguntas para mentes inquietas


Hola amigos y amigas de Tenoch, como siempre les traigo la mejor seleccion de articulos de la red

pregunta
Son preguntas que seguro que alguna vez os habéis hecho. Eso sí, cuando estáis cabeza abajo o en uno de esos momentos en los que la lógica deja de tener sentido en vuestra mente; de ahí brotan estas preguntas de respuesta incierta:

El arsenito ¿es un arsénico que no ha pasado a su forma adulta?

¿Cuál es la jornada laboral de un perezoso?

¿Cuántos meses tiene un año-luz?

¿En qué parte del cuerpo se encuentran las células padre?

Si una nave supera la velocidad luz, ¿con qué luz podríamos leer el periódico en ella?

¿Existen los agujeros blancos?

¿Qué ocurre si se parte una supercuerda?

¿Cuál fue la causa de la muerte del Mar Muerto?

El acelerador de partículas, ¿provoca partos prematuros?

El kiwi, ¿se pela o se despluma?

¿Puede una mujer dar a luz en un universo sin fotones?

¿Cuál es la fórmula de la ley de la levedad?

¿Cuántos días tiene febrero en un año trisiesto?

Si colocamos un Geiger encendido frente a una muestra de radio, ¿qué emisora sintoniza?

Si el universo es infinito, ¿se considerará un timo vender billetes de ida y vuelta a sus extremos?

¿Se escogen sementales entre los reproductores de sonido?

Si existe una deidad que está en todos los sitios a la vez, entonces, ¿es móvil o inmóvil?

¿Qué hubo antes del huevo y la gallina?

Via:
La Ciencia y sus Demonios


Magnitudes y percepción


Les comparto este articulo que encontre en la red

magnitudesSi imagináramos una cadena humana en la que participaran todos los habitantes del planeta, esta sería de tal magnitud que cubriría casi treinta veces la distancia de la Tierra a la Luna.

Supongo que este dato les choca poco a los lectores, pues somos conscientes del ingente número de seres humanos que poblamos nuestro mundo.

Sin embargo, si les dijera que concentrando a toda la humanidad de tal manera que cada uno de nosotros estuviera a metro y medio de sus vecinos más próximos, cabríamos perfectamente en la provincia de Cuenca, quizás la sorpresa fuera algo mayor.

Lo único que hemos hecho ha sido pasar desde un estado lineal en una dimensión (la cadena humana) a un estado en dos dimensiones (superficie de Cuenca). Resulta sorprendente cómo cambia totalmente nuestra percepción de la magnitud, en este caso lo que ocupa la humanidad, añadiendo simplemente una dimensión extra.

Realizando la transformación contraria también nos podemos llevar grandes sorpresas. Pensemos por ejemplo en el ADN de nuestras células. Este material genético, cuya estructura principal es una doble cadena de nucleótidos, se encuentra empaquetado en el núcleo celular, una estructura tan pequeña que no puede ser vista sin utilizar un microscopio, dado que su tamaño medio en los mamíferos es de 6 micrómetros (6 milésimas de milímetro).

Pues bien, si desenrolláramos todo el ADN contenido en los cromosomas de los aproximadamente 50 billones de células que forman nuestro organismo, obtendríamos un filamento de 115.000.000.000.000 metros, nada menos que ¡115 mil millones de kilómetros!, más de 19 veces la distancia hasta Plutón. Y eso con una sola persona.

Al considerar una tercera dimensión, el asunto se pone todavía más interesante: imaginemos todos los océanos de la Tierra, con sus 361 millones de km² de superficie (donde, por cierto, cabrían nada menos que 23.000 humanidades nadando a metro y medio una persona de otra) y sus 3,9 km de profundidad media. Pues bien, si reuniéramos todo esa agua y le sumáramos la de los glaciares, lagos, ríos y nubes, tendríamos unos 1.500 millones de kilómetros cúbicos, lo que supondrían unas pelotitas como estas:

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Nuestra forma de mirar las cosas

Curiosas transformaciones como las descritas hay a centenares, y se deben a que el ser humano tiene una forma muy peculiar de percibir las magnitudes, fruto de su adaptación al medio a lo largo de millones de años de evolución.

Como cazadores-recolectores, nos servía de poco calcular la distancia de Madrid a Noruega, pero resultaba muy útil estimar los 50 metros que nos separaban de un león plácidamente tumbado en lotananza. De igual manera, formar una imagen mental de una superficie equivalente al continente africano no resultaba en absoluto útil a nuestros ancestros de la sabana (ni a los más antiguos antepasados arborícolas); por el contrario, la estimación de superficies más pequeñas, como un prado que atravesar al descubierto, sería muy rentable. Lo mismo ocurre con el resto de magnitudes, sea un número de objetos, peso, etc.

Esta limitación la arrastramos hasta nuestros días, y nos enfrentamos a ella a diario. ¿Cuántas veces hemos sido incapaces de comprender la cantidad real de dinero que representan siete mil millones de euros o los 255.000 billones de kilómetros que nos separan del centro galáctico? Sin embargo, seguimos siendo muy capaces de estimar el número de manzanas que hay en una caja de fruta o la distancia hasta el próximo bar.

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Tan grande como tres campos de fútbol

En numerosas ocasiones, recurrimos a la comparación con distancias, superficies o volúmenes conocidos para hacernos una mejor idea de ciertas magnitudes.

Así, es frecuente utilizar campos de fútbol para dar una idea de tamaño o pisos de diez plantas para hacernos la idea de algunas alturas.

Pongamos un último ejemplo tradicionalmente utilizado para  ilustrar la utilidad de esta comprensión diferencial de las cantidades, y que nos demuestra como tenemos estructurado el cerebro para evaluar magnitudes en pleno siglo XXI.

teImaginemos que nos proponen transportar mil millones de guisantes desde Almería a Madrid. A priori, salvo que seamos productores hortícolas experimentados, ni siquiera sabemos si tal empresa es posible y, en caso de que lo fuera, si resultaría rentable. Realmente, no tenemos ni idea de cuánto ocupan mil millones de guisantes.

Nuestro cliente podría ayudarnos diciendo que tenemos que transportar una fila de guisantes de 5.000 kilómetros de longitud o, lo que es lo mismo, poco menos que la distancia entre Madrid y Nueva York. Aunque esto nos dé una idea algo más aproximada que la mera cantidad, aún nos costaría bastante calcular siquiera la posibilidad o imposibilidad manifiesta del transporte.

Indignado con nuestra ignorancia, nuestro interlocutor nos dice que es una superficie equivalente a tres campos de fútbol llenos de guisantes. Indudablemente, hemos mejorado. Esto, al menos, nos da una idea clara: la empresa no es imposible pero, ¿Cuánto costaría?

Para poder estimarlo sin hacer demasiados cálculos, bastaría añadir una tercera dimensión. En un derroche de compasión, el horticultor nos revela que, amontonándolos, los mil millones de guisantes formarían un cubo de cinco metros de lado, es decir, un volumen similar al que ocupan diez turismos.

Con este último dato ya podemos evaluar, aunque sea “a ojo” la situación: nos harían falta apenas dos camiones para realizar el anhelado transporte, con lo que no solo resulta abordable, sino que podríamos avanzar un presupuesto aproximado.

De todas formas, cuidado con las aproximaciones rápidas. Podríamos caer en el error de estimar los camiones necesarios para mil millones de cerezas comparándolas con los guisantes. Si, tirando por lo alto, estimamos que una cereza será como diez o quince guisantes, resulta sencillo extrapolar que necesitaríamos de veinte a treinta camiones para realizar el transporte.

Gran error, y la quiebra para nuestra empresa: no podríamos transportarlos con menos de 120 camiones. Y es que, los errores, también se multiplican exponencialmente al aumentar las dimensiones.

Nota: los cálculos empleados en el presente artículo son muy aproximados y no representan la realidad. En ellos se ha supuesta la misma medida estándar para todas las piezas de fruta (0,5 cm de diámetro para los guisantes y 2 cm para las  cerezas), y se ha ignorado la necesidad de cajas o cualquier otro medio de embalaje, suponiendo que la distribución de las piezas es uniforme.

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Bonus track:

Via:
La Ciencia y sus Demonios


La deriva continental explicada en 5 minutos


Chequen esta informacion publicada en uno de nuestros blogs favoritos

pangeaEn este breve video extraído de la serie Cosmos el astrofísico Neil deGrasse explica el largo proceso científico que desarrollaron diversos investigadores hasta llegar a comprender la tectónica de placas y la deriva continental.

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Vía:
La deriva continental explicada en 5 minutos


Por qué soy escéptico con la homeopatía


Hola amigos de Tenoch, la mejor seleccion de articulos de la red chquen este

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En diversas ocasiones me han preguntado por qué he dedicado varios artículos en este blog a hablar críticamente de la homeopatía. Algunos han insinuado un supuesto interés económico, otros directamente me han acusado de estar pagado por las corporaciones farmacéuticas para escribir lo que escribo. Desgraciadamente para mi economía no es así; sé que aquellos que sólo se mueven por intereses económicos esto les puede extrañar, pero lo cierto es que nunca he cobrado por escribir en este medio. Lo que me mueve a escribir artículos en este blog siempre ha sido divulgar ciencia.

Para mí la divulgación de la ciencia no solamente incluye la recolección y exposición de los resultados científicos publicados en diferentes medios, sino también la difusión del método científico y la denuncia de prácticas que, a mi modo de entender, son pseudocientíficas. Este último punto engloba resultados que se disfrazan de ciencia, ya procedan de charlatanes ajenos al ámbito científico o de miembros de la academia. ¿Y dónde encaja la homeopatía? Igual que he escrito artículos mostrando las incongruencias del creacionismo, la falta de pruebas para afirmar que existan seres extraterrestres o que haya productos que se venden por ahí que curan todas las enfermedades descritas, también he mostrado las incongruencias y falta de pruebas que, desde mi punto de vista, presenta la homeopatía. No es mi intención definir a la homeopatía como timo (aunque se pueda haber escapado alguna vez en el fragor del debate), eso en todo caso corresponde a los tribunales competentes, mi intención ha sido simplemente mostrar lo inconsistente que me resultan las afirmaciones que realiza la homeopatía.

Cuando supe por vez primera de la homeopatía y leí sus fundamentos me pareció magia. Eso no debe sonar como un insulto, hay muchos resultados científicos que, presentados por vez primera, parecen algo mágico. Si se tiene pocos conocimientos, la presencia de una nave espacial rodando sobre Marte y enviando fotos desde hace varios meses o que tras una simple inyección (y un tiempo de espera adecuado) una persona pueda relacionarse con enfermos infecciosos sin ser contagiado, parecen obra de un ilusionista. Pero esa magia deja de ser tal cuando se estudia lo que hay detrás. La mezcla de los conocimientos de astrofísica e ingeniería actuales ha permitido el desarrollo de artefactos que estén enviándonos información desde puntos lejanos de nuestro sistema solar. Los conocimientos de inmunología y microbiología nos permiten conocer porqué funcionan las vacunas. Dejamos de encontrar magia en esos procesos y pasamos a encontrar ciencia, con esos conocimientos cualquiera de nosotros puede repetir esas observaciones con idénticos resultados. Estamos ante procesos tan reproducibles como la elaboración de un plato diseñado por un chef de cocina, lo único que tenemos que hacer es ganar experiencia y tener la suficiente habilidad para poder cocinar la receta de forma adecuada.

Y precisamente es esa búsqueda de las bases científicas de la homeopatía es donde me encontré todas esas dudas que hoy mantengo. Tras leer mucho no he conseguido que la sensación mágica de la homeopatía desaparezca de mi mente. No pretendo aquí repetir lo que he escrito en otros artículos, simplemente me gustaría destacar algunos puntos.

1. La homeopatía es un arte antiguo. De hecho fue inventado a finales del siglo XVIII. Me llama la atención que teniendo la antigüedad que posee, todavía existan tantas dudas acerca de su eficacia. Aún no he sido capaz de encontrar un sólo producto homeopático que se haya impuesto como remedio de primera elección para tratar enfermedades. Es más, los Ministerios de Sanidad español y holandés afirman que la homeopatía no ha demostrado las propiedades que publicitan. De hecho el ministerio español afirma en su informe:

Aunque se han formulado varias teorías para explicar los posibles mecanismos de acción de la homeopatía, ninguna ha sido científicamente verificada.

Sabemos desde hace muchos años que los antibióticos o las aspirinas se pueden emplear para tratar infecciones bacterianas o para bajar la fiebre, respectivamente. Sabemos la base molecular de ambos productos, el porqué de su mecanismo de acción, su procedencia (de origen natural ambos, por cierto). Podemos criticar esos medicamentos por sus efectos secundarios, pero lo que está más allá de cualquier duda es que sus efectos primarios (curar infecciones y bajar la fiebre) han sido más que demostrados. Ambos tipos de compuestos tienen detrás muchos años de investigación y empleo, me llama la atención que después de más de dos siglos de historia la homeopatía no cuente con el mismo tipo de antecedentes para ninguno de sus compuestos. Es un punto que me da que pensar.

2. La elaboración de los productos homeopáticos. Recomiendo a quien no sepa cómo se fabrica un producto homeopático que busque información sobre ello. Hay un interesante video que ha realizado la empresa Boiron donde se muestra dicho proceso. Echadle un ojo:

A modo de resumen relata lo siguiente: las materias primas (plantas, partes de las mismas, u otras de las que no habla el video), que son las que se supone que contienen el principio activo con efectos terapéuticos se maceran en presencia de un disolvente adecuado para extraer dicho compuesto (junto con otros muchos de efectos desconocidos). Posteriormente, el producto macerado se somete a diluciones decimales seriadas, de tal forma que el compuesto de partida quedar hiper-diluido. Estas diluciones se han de realizar siguiendo un determinado protocolo de agitación, el cual desde mi punto de vista se parece más a un rito del pasado que a un protocolo de química convencional. Una parte importante de las diluciones que se emplean en homeopatía no presentan ni rastro del compuesto de partida. En un mol de compuesto hay un número fijo de moléculas (el llamado número de Avogadro: 6.023 x 1023), independientemente del compuesto que sea. Si se realiza una dilución muy elevada (por ejemplo diluir 1030), en la solución final no quedará ninguna molécula del compuesto de partida. Los defensores de la homeopatía dicen que eso da igual, se asegura que aunque químicamente no esté el compuesto queda su impronta en el disolvente, y esa impronta es la que tiene efectos terapéuticos.

Esa supuesta impronta aún no tiene explicación científica, se habla de ella pero no se sabe qué es, a día de hoy sigue siendo algo “mágico”. Benveniste y otros autores aseguraron que esas diluciones hiper-diluidas tenían efecto fisiológico “in vitro” sobre cultivo celulares, aunque diferentes autores repitieron el experimento sin ser capaces de obtener los mismos resultados. El debate sobre los datos obtenidos por Benveniste se mantuvo abierto durante mucho tiempo y dado que ya traté el tema, no seguiré con él aquí. Solamente indicar una frase de Benveniste para la revista Lancet que aún no sé por dónde cogerla:

En más de 10 años de investigación hemos podido demostrar de manera satisfactoria que: (1) el efecto de las altas diluciones de varios agonistas sobre varios modelos “in vitro” es altamente reproducible, (2) la actividad observada en las altas diluciones es eliminada por campos magnéticos (experimentos realizados en colaboración con el CNRS, Meudon, Francia), (3) la actividad puede ser transferida al agua empleado un amplificador especialmente configurado y (4) esa actividad puede grabarse en el disco duro de un ordenador y enviada a distancia vía Internet (experimentos realizados en colaboración con la Universidad Northwestern de Chicago)

De nuevo la dicotomía magia/ciencia vuelve a mi mente.

Pero complicarlo todo un poco más, las diluciones recién preparadas no se beben, sino que usan para impregnar unas pastillitas (llamadas gránulos) que es lo que finalmente se emplea. Se espera que esos gránulos ganen la impronta desde la solución de partida. Cuando comparo esto con enseñanzas básicas de farmacocinética, a saber: la dinámica de un compuesto X en el organismo, desde la concentración inicial a la que se toma hasta la cantidad que se elimina por el sistema de excreción, intentando establecer la dosis real en el tejido diana sobre el que debe actuar, con lo que hace la homeopatía más extraño se me antoja todo. La farmacocinética es una especialidad compleja, una ciencia que intenta establecer la dosis óptima para que el medicamento alcance su máximo rendimiento con el menor riesgo de efectos secundarios posibles. Intentar lo mismo con la homeopatía parece una quimera, donde la dosis inicial es nula y/o desconocida. Igual me equivoco, pero a mí esto me suena más a truco de magia que a verdadera ciencia.

3. Homeopatía frente a tratamiento herbal. Una de las características distintivas de la homeopatía es el uso de concentraciones de principio activo nulas o muy por debajo (muchos órdenes de magnitud) de la concentración que se usa en productos farmacéuticos (o “remedios naturales”) típicos. Sin embargo eso no siempre se cumple. De hecho parece que lo que se cumple es que aquellos productos que mejor funcionan son los que mantienen principio activo en concentraciones similares a las de los medicamentos “estándar”. En un reciente trabajo publicado por Csupor y colaboradores en la revista PLOS ONE se analiza la composición química de una serie de productos homeopáticos que han sido reconocidos en algunos países por su efecto terapéutico. Mediante técnicas de análisis por HPLC-DAD, este grupo concluye que estos productos homeopáticos poseen concentraciones de principio activo que las obligarían a clasificarlas como remedio herbal, por lo que deberían pasar los mismos tipos de controles que pasan los medicamentos. Antes de leer esta publicación me resultaba difícil de entender cómo era posible que un producto sin principio activo pudiera tener efecto terapéutico, la lectura de este artículo me plantea la duda de si los pocos resultados positivos que se relacionan con la homeopatía se deben a que la cantidad de principio activo es superior a la esgrimida por el fabricante. Dado que la homeopatía no está obligada a pasar una serie de controles que sí han de pasar los medicamentos convencionales, parece que de momento no podré encontrar respuesta a dicha duda.

4. Ultradilución, ¿queda algo o no?También me llaman la atención algunos trabajos que han analizado el fenómeno de la dilución seriada hasta límites muy elevados. Un buen ejemplo lo tenemos en una publicación firmada por Chikramane y colaboradores en la revista Langmuir. En dicho trabajo se analizan diluciones que, según los autores, son empleadas en homeopatía y que van más allá del número de Avogadro, por ejemplo 1060 o 10400. En la publicación, los autores afirman que se produce un fenómeno físico por el que una dilución seriada no se correlaciona con una desaparición asintótica del número de moléculas, sino que muchas de estas moléculas siguen en la disolución como nanopartículas, bien por fenómenos micelares o bien por asociación en la interfase aire-líquido. De esa forma, los autores son capaces de encontrar principio activo, incluso en diluciones 30c o 200c. Esto es realmente llamativo y más que apoyar lo que defiende la homeopatía a mí me plantea muchas más dudas: si mantiene producto activo, ¿no estaremos ante fenómenos como el descrito en el punto anterior y por tanto la homeopatía no es más que un remedio herbal modificado? Si la concentración del principio activo no baja tal y como se espera, ¿por qué se algunos homeópatas insisten en que se usen diluciones 15c, 30c, 60c o 200c; no sería todo lo mismo?, ¿el etiquetado de los productos homeopáticos, tiene sentido? Por otra parte, ¿por qué algunos expertos aluden a la “memoria del agua” cuando no se consigue eliminar principio activo por mucho que se disuelva?, aquí no estaríamos ante una supuesta impronta de propiedades en la molécula de agua, sino ante una redistribución del principio activo de una manera diferente.
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5. El efecto terapéutico. Toda esta supuesta “magia” quedaría en el amplísimo capítulo de fenómenos inexplicables si el efecto terapéutico de la homeopatía hubiera sido más que contrastado. Pero esto no parece ser así. Siguen existiendo muchas dudas, las mismas dudas que el ministerio de sanidad español apunta, esas dudas que recogen los meta-análisis recogidos en la Metabase Cochrane. En dicha Metabase encontramos amplios estudios con resultados contradictorios. Muchos de los análisis muestran que el efecto de la homeopatía es similar al de un placebo, otros muestran que hay un efecto terapéutico ligeramente superior al placebo, sin embargo muchos de esos estudios han sido puestos en duda por detectarse errores metodológicos en el tratamiento de los datos.

En este punto lo que me hace ser escéptico es que me encuentro ante un tratamiento que contiene (o quizás no) un principio activo (o puede que más de uno) que ha sido elegido por un criterio que se me antoja confuso (“principio de similitud”), cuyo mecanismo molecular de acción es completamente desconocido, cuya dosis tampoco parece clara y cuyo grado de eficiencia es más que discutida. Espero que entendáis mis dudas, y si no lo entendéis probad a cambiar “tratamiento homeopático” por “fármaco convencional” en el párrafo anterior. ¿Estarías tranquilo tomando un fármaco de esas características?

6. La homeopatía es muy popular. Sé de sobra que la homeopatía tiene un gran apoyo, no es necesario que llenéis los comentarios con relatos de curaciones milagrosas. Sé que el negocio ha alcanzado tal magnitud y mueve tanto dinero que he leído que alguna gran farmacéutica (de esas calificadas de “bigfarma”) se está pensando empezar a producir su propia línea de productos homeopáticos. Si eso ocurre puede que eso provoque un cortocircuito en los argumentos de más de uno, pero ese es otro tema. Repito, sé que la homeopatía tiene una gran aceptación y que incluso los sistemas sanitarios de algunos países apoyan su distribución. Pero para mí eso no elimina mi escepticismo. ¿Cómo no puede generarme dudas que las autoridades sanitarias de un país digan que la homeopatía no ha demostrado científicamente lo que publicita y las autoridades de otro incluyan la homeopatía en el sistema sanitario de dicho país? ¿Cómo puede el ministerio de sanidad de un país dar el beneplácito a la homeopatía mientras que las principales sociedades médicas del mismo país la desacreditan? ¿De verdad que eso no genera dudas? ¿No estará esto más ligado con lo que rodea a los medicamentos (léase negocio, gestión sanitaria, política) que al tema de la eficiencia y validez científica de los mismos? De hecho podría escribir en un momento un listado, y no lo hago para que nadie se moleste, de fenómenos mundialmente seguidos, aceptados e incluso apoyados por muchos gobiernos, que no poseen ningún beneficio reconocido.

Además, muchos dan valor a los testimonios personales, pero esas opiniones tomadas al vuelo, sin un control de recolección de datos adecuado, deberían ser tomadas con pinzas, al menos hasta que se hagan un análisis riguroso de las mismas. En encuestas a pie de calle, o “golpe de ratón” encontraríamos personas maravilladas de los efectos terapéuticos de sustancias de los más variadas, tales como el paracetamol, los imanes, el agua de mar, la orina o los masajes con piedras de cuarzo. ¿Todo es horrible, todo es maravilloso? Seguramente ni lo uno ni lo otro, quizás el problema no resida en la sustancia analizada sino en extraer conclusiones a partir de opiniones personales.

7. ¿Por qué debo homeopatizarme? Tranquilos, ya acabo. Me llama la atención que en muchos ambientes de “medicina natural” (la llamaré así por abreviar, no porque considere que el nombre sea adecuado) promocionan la homeopatía de una forma curiosa. En primer lugar hacen una dura crítica de lo que ellos llaman “medicina alopática”. Una de sus críticas es que ese tipo de medicina te infla de pastillas. Puedo aceptar esa crítica, pero lo que me resulta paradójico es que acto seguido te indiquen que para mantenerte sano deberías tomar homeopatía, ya que tiene un tremendo potencial preventivo. Puedo entender que se minimice la ingesta de fármacos y la búsqueda de hábitos saludables en la buena alimentación, el ejercicio físico o realización de labores intelectuales, pero me suena raro el discurso de cambio de las pastillas producidas por la bigfarma (vivir empastillado) por los gránulos producidos por la bighomeofarma (vivir homeopatizado). Eso también me provoca muchas dudas.
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Y esto es lo que pienso a día de hoy de la homeopatía. Si mañana aparecen pruebas científicas sobre su mecanismo de acción y/o eficiencia, cambiaré de parecer, así es como pienso que debe funcionar la ciencia, a golpe de pruebas científicas, no por discursos más o menos elaborados o por testimonios personales de origen desconocido. Y esas pruebas a día de hoy no las he encontrado.

Para saber más sobre el tema:

* Chikramane, P.S. y col. (2012) Why extreme dilutions reach non-zero asymptotes: a nanoparticle hypothesis based on froth flotation. Langmuir 28:15864-15875.

* Csupor, D. y col. (2013) Low potency homeopathic remedies and allopathic herbal medicines: is there an overlap? PLOS ONE 8(9) e74181

*Davenas, E. y col. (1988) Human basophil degranulation triggered by very dilute antiserum against IgE.Nature333:816-818.

* Hirst, S.J. y col. (1993) Human basophil degranulation is not triggered by very dilute antiserum against human IgE. Nature 366: 525-527.

*Benveniste, J. (1998) Meta-analysis of homoeopathy trials. Lancet 351:367.

* La memoria del agua (I): las fábulas de Emoto

*La memoria del agua (II): de Benveniste a Ennis

* Cinco cuestiones que me surgieron tras ver un documental sobre homeopatía

* Las cuentas de la homeopatía

* La no tan inocua homeopatía

* Cuando Hahnemann intentó curar la escarlatina con homeopatía

* La homeopatía carece de base científica según un informe encargado por el parlamento británico

* Separando el trigo científico de la paja pseudocientífica

* Un elaborado placebo llamado flores de Bach

* El número de Avogadro, ¿es un mito?

* La corta historia de la memoria del agua

* 10 razones para no creer en la homeopatía

Via:
La Ciencia y sus Demonios


La (más o menos) revolucionaria tecnología médica del ejército egipcio


Hola mis amigazos de Tenoch, como siempre les traigo la mejor seleccion de articulos de la red

zahori militar egipcioHace unos meses la Comandancia de Ingeniería del Ejército Egipcio anunció la invención de dos instrumentos médicos revolucionarios, el primero de ellos capaz de detectar una gran variedad de infecciones virales y que funcionaría sin necesidad alguna de tocar al paciente, mientras que el otro dispositivo consiguiría eliminar diversos tipos de virus de la sangre de los enfermos. Y estas increíbles invenciones se encuentran ahora disponibles para su uso médico, eso sí solo en Egipto.

El primer invento denominado C-FAST tal y como se muestra en la siguiente fotografía

C_FAST ejercito egipto deteccion virus

es básicamente una antena al estilo de las varas usadas por los zahoríes desde tiempos inmemoriales y que curiosamente es muy similar al ya tristemente famoso detector de bombas ADE 651 con el que se estafó más de 50 millones de euros al Ejército Iraquí hace ya algún tiempo.

ADE 651 detector bomba Iraq

Pero por supuesto este nuevo modelo sanitario es mucho más avanzado que su antecesor militar, puesto que no necesita fuente de alimentación alguna ya que supuestamente utiliza la energía eléctrica estática del individuo que lo maneja. Como ven, todo un gran avance que contribuirá a disminuir las emisiones de CO2 y el efecto invernadero en estos tiempos afectados por el calentamiento global.

Pues bien, este maravilloso adelanto de la tecnología médica es capaz de detectar a un paciente infectado hasta una distancia de 500 metros. La antena supuestamente identifica las ondas electromagnéticas emitidas por las vibraciones del genoma por ejemplo del virus de la hepatitis C de una manera específica de secuencia, algo que recuerda a la teoría que el famoso Premio Nobel Luc Montagnier defiende desde su exilio chino. Pero no se vayan que todavía hay más. C-FAST puede detectar no sólo hepatitis C sino también las más variadas infecciones virales: VIH, gripe, coronavirus MERS y hasta el “virus de la malaria” mediante un cambio de programación del propio aparato de manera rápida y eficiente, ya que parece ser que las vibraciones del genoma de diferentes virus son también distintas. Con respecto al “virus de la malaria” no es un error tipográfico ya que los generales egipcios tienen información (clasificada por supuesto) que muestra que la malaria no está causada por un protista sino por un virus y asunto zanjado.

El segundo aparato denominado “Dispositivo de Cura Completa” es más sofisticado y se parece mucho a una máquina de diálisis.

complete cure device ccd egipto pseudomedicina

Primero se extrae la sangre infectada del paciente usando una bomba. Después esta sangre pasa a través de un costoso tubo en espiral, fabricado de un material muy complejo que según su fabricante ha necesitado 7 años de I+D para poder ser desarrollado. Este tubo emite una misteriosa radiación que elimina a los virus y ya después de ser desinfectada la sangre se devuelve al cuerpo. Por supuesto tanto la composición del tubo como el tipo de radiación curativa se mantienen en el más estricto secreto militar. El gobierno egipcio ha indicado que se han realizado exitosas pruebas tanto en chimpancés como en miles de pacientes, pero por ahora no hay información alguna sobre estos ensayos clínicos en los que parece ser que no han participado hepatólogos egipcios. Además, estos estudios no están accesibles a la comunidad científica ni han sido publicados en ninguna revista médica, de tal manera que diversos científicos egipcios que trabajan en prestigiosos centros de investigación del extranjero (puesto que los residentes en Egipto guardan un delicado silencio, ya que no hay que olvidar la actual situación del país) han mostrado su sorpresa cuando no su enfado por lo que parece una gran estafa médica (y que ha llegado hasta las páginas de la prestigiosa revista Science), engaño que estaría jugando con las esperanzas de la población, ya que no hay que olvidar que varios millones de egipcios son enfermos de hepatitis.

Además según ha informado recientemente el ejército egipcio en un video, estas tecnologías permiten también diagnosticar y tratar enfermedades de la piel e incluso el cáncer. Y ya finalmente sus aplicaciones parecen no estar restringidas al campo sanitario ya que también podrían detectar las temibles termitas que atacan a las palmeras. Total, la panacea completa.

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P.D.

Despues de la campaña publicitaria realizada en Egipto estas últimas semanas, parece ser que estos revolucionarios equipos médicos tienen todavía que ser puestos a punto, y por tanto se ha retrasado su comercialización hasta dentro de 6 meses. Seguiremos informando.

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La (más o menos) revolucionaria tecnología médica del ejército egipcio