Programados para creer


Hola amigos de Tenoch, aqui le tengo la mejor seleccion de articulos de la red

ilusion opticaEn este video Michael Shermer muestra algunos de los sesgos de nuestros cerebros capaces de explicar la recurrente tendencia a la superstición de nuestra especie.

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La Academia Pontificia de las “Ciencias”, la prostitución del conocimiento por la irresponsabilidad de algunos investigadores


A ver que opinan de este interesante articulo que me encontre en la red

stephen hawking ateismo frases celebres ateas dios religion cristianismo jesus cienciaQuizás una de las más surrealistas y esquizofrénicas instituciones del mundo reside en la minúscula (pero no por ello menos poderosa) Ciudad-Estado del Vaticano, en donde varias decenas de nuestras más brillantes y privilegiadas mentes se reúnen de forma periódica para intentan denodadamente, al más puro estilo del Sísifo mitológico y en el más precario equilibrio mental, establecer puentes de unión entre los más avanzados conocimientos científicos que se suceden vertiginósamente, casi de manera exponencial con el conjunto de mitos, leyendas y supersticiones varias transmitido durante milenios de padres a hijos por el pueblo judío, escritos que posteriormente fueron reeditados y reinterpretados una y mil veces por la escolástica cristiana durante los dos últimos milenios.


Esta carrolliana institución cuenta en su haber con eminentes científicos, algunos de ellos galardonados con el Nobel, miembros nombrados por designación directa del anciano (infalible bajo la asistencia de la Sagrada Paloma Cósmica) rey de Roma, que tienen como misión fundamental promover el conocimiento científico y su relación con la moral, así como el asesoramiento científico al máximo purpurado y al resto de sus acólitos con solideo.

Aunque la mayoría de sus miembros son católicos, la Academia es una institución multiconfesional de tal manera que por ejemplo su actual presidente, el premio Nobel Werner Arber es protestante. Y para que vean la filosofía que impregna dicha institución dejemos que sea su propio laureado presidente quien nos lo explique con sus propias palabras:

?

Durante largos periodos de tiempo, seres humanos curiosos adquirieron el conocimiento científico principalmente mediante la observación por medio de sus sentidos, ayudados por la reflexión mental y el razonamiento lógico. El capítulo del Génesis del Antiguo Testamento representa para mí un testimonio de una antigua visión científica del mundo ya existente hace varios miles de años. Tal capítulo refleja también la coherencia entre la fe religiosa y el conocimiento científico hasta entonces alcanzado. El Génesis propone una secuencia lógica de acontecimientos en la cual la creación de nuestro planeta Tierra podría ser seguida por la creación de las condiciones para la vida. Las plantas fueron introducidas y éstas fueron, en un momento dado, el alimento de los animales antes de la introducción final del ser humano. Dejando de lado la cuestión de la Revelación, esto es claramente una narración lógica del posible origen evolutivo de las cosas según unos acontecimientos imaginados orientando la naturaleza, que observaban las antiguas poblaciones. Por la genealogía descrita en el Antiguo Testamento, puedo también concluir que sus autores eran conscientes de las variantes fenotípicas (o sea, genéticas). Las personas descriptas tienen sus propias características personales y, por tanto, no son clones genéticamente idénticos de Adán y Eva. En estas narraciones podemos identificar una gran coherencia entre la fe religiosa disponible entonces y el conocimiento científico sobre el desarrollo evolutivo. Es nuestro deber hoy en día mantener (y donde sea necesario, restablecer) dicha coherencia basándonos en nuestro mayor conocimiento científico. Es mi convicción que el conocimiento científico y la fe son, y deben seguir siendo, elementos complementarios de nuestro saber orientativo.

O recordemos la Sesión Plenaria de la Academia que llevaba el sugerente título de “El Conocimiento Científico actual sobre la Evolución Cósmica y Biológica” celebrada en el año 2009, en donde el papa Benedicto XVI en su discurso inaugural dejo bien asentadas estas claras directrices:

La distinción entre un simple ser vivo y un ser espiritual que es capax Dei [capaz de recibir a dios], apunta a la existencia del alma inteligente de un sujeto trascendente y libre. Así, el Magisterio de la Iglesia ha afirmado constantemente que “Cada alma espiritual es creada inmediatamente por Dios, no es ‘producida’ por los padres y también que es inmortal “(Catecismo de la Iglesia Católica, 366). Esto apunta al carácter distintivo de la antropología e invita a la exploración de la misma por parte del pensamiento moderno.

Blanco y en botella, como diría el refrán mientras los insignes científicos escuchaban arrobadamente tan “sabias como ciertas” palabras. Bueno ¿Y por qué es tan importante tener en cuenta o simplemente discutir todas estas disquisiciones religioso-filosóficas emanadas de nuestro más oscuro y supersticioso pasado? ¿Qué tiene que ver todo esto de si existe o no un dios (o una miríada de entes espirituales o lo que sea) con el trabajo de experimentación, bien dentro del laboratorio o fuera, en el estudio de campo? ¿Ello altera o modifica el análisis o la interpretación de los resultados científicos?

La labor investigadora no consiste en mezclar reactivos en un matraz al tuntún y luego ver el resultado (esperando que todo ello no explote) tal y como muchas veces la literatura o el cine nos muestran, sino que todo trabajo científico comienza con una recopilación del conocimiento previo sobre el tema a partir del cual se plantea una hipótesis científica, que servirá de base para diseñar los experimentos o recoger la información de campo, con los que finalmente y con un poco o mucho de suerte validar o, como desgraciadamente ocurre multitud de veces, refutar dicha hipótesis de partida en un proceso que  se conoce como método científico.

1 metodo cientifico investigacion ciencia experimentacion

Y para que estos estudios sean al final esclarecedores se deben tener en cuenta todos los elementos pertinentes que puedan influir en el desarrollo del modelo propuesto (y descartar aquellos otros que sean superfluos o irrelevantes, porque si no podríamos pasarnos años y años sin avanzar haciendo experimentos innecesarios, pero muchas veces nada baratos mientras malgastamos el escaso dinero público que nos ha sido concedido). Así que al final, en cualquier investigación se incluyen innumerables controles (desde los más simples a los más complejos), de tal manera que una mala planificación, por error o por simple desconocimiento al controlar una variable puede invalidar completamente un estudio y dar al traste con años de ímprobos esfuerzos científicos. Todo investigador ha vivido o conoce de primera mano casos de estudios que han fracasado estrepitosamente durante años porque por ejemplo no se conocía que un determinado factor estaba influyendo y sólo cuando ese elemento es tenido en cuenta, como si de un ¡Eureka! se tratara, todo encaja a la perfección y el mecanismo es desentrañado casi sin esfuerzo (bueno, es un decir).

Entonces, volviendo al caso de la antropología presentado por el anterior papa en su discurso sobre evolución cósmica y biológica, no es lo mismo científicamente hablando asumir que no asumir una posible intervención divina en forma de alma en el desarrollo cognitivo del ser humano. Si un científico capaz y honrado tiene sospecha o indicio alguno de la existencia del alma o del poder de un dios o de cualquier otra entidad (supra- o simplemente natural, por ejemplo una civilización extraterrestre al estilo del famoso monolito de la genial película 2001) en el desarrollo de la conciencia humana, tiene la obligación profesional de incluirla en sus hipótesis de trabajo y si puede sobre todo añadirla en su experimentación, ya que una de las mayores fuentes de desprestigio que puede sufrir un investigador a lo largo de su carrera es que, en un congreso o al enviar un manuscrito a publicar, otro científico le haga notar que no ha incluido un control relevante pero evidente o que no ha tenido en cuenta un factor clave conocido, por lo que todo su estudio quedaría invalidado y carecería de la más mínima relevancia, dejando además una sensación de terrible falta de profesionalidad. Porque si, como el papa católico y multitud de representantes de otras religiones aseguran, existen elementos no materiales que influyeron (y que todavía influyen) en nuestro desarrollo como especie todo el conocimiento actual, no sólo en antropología, sino también en neurociencias y áreas afines (psiquiatría, psicología, comportamiento, etc.) debería ser puesto en cuarentena y reevaluado profundamente o incluso ser desechado por erróneo parcial o totalmente a la luz de esa nueva pero determinante y modeladora variable.

Lo mismo pasaría en otra multitud de áreas del saber. Por ejemplo, no es lo mismo la existencia de un dios al estilo del Primer Motor Inmóvil aristotélico, cuya única acción consiste en poner en marcha el Big Bang para que después todo se desarrolle según las leyes del Universo, en cuyo caso la ciencia podría explicar satisfactoriamente todo (excepto ese primer instante y lo que ocurrió antes, siempre y cuando esas leyes sean congruentes y no el desatino de un geniecillo con humor o simple mala leche, al estilo del infame argumento creacionista de que, los fósiles han sido dispuestos por dios como forma de probar la fe de los cristianos y confundir a los científicos ateos) sin necesidad de hipotetizar nada, que el dios por ejemplo de la Biblia (al que por cierto adoran algunos investigadores) que se inmiscuye constantemente en la naturaleza y que dedica gran parte de su tiempo y su esfuerzo a satisfacer, los por otra parte mezquinos deseos y necesidades de algunos pocos y privilegiados monos, habitantes del tercer planeta que orbita alrededor de una estrella intrascendente y perdida en un rincón de una galaxia de lo más anodina.

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Además, como cualquier persona puede entender, no es lo mismo estudiar entornos o procesos naturales intactos que aquellos que han sido influidos en mayor o medida por entes inteligentes. Así por ejemplo, los científicos medioambientales tienen siempre muy en cuenta si el ecosistema que están estudiando es prístino o sospechan que ha sufrido la acción humana, puesto que entonces existirán ríos que se desvían de su curso natural o se secan, aparece desforestación o nuevas plantas exóticas, etc. que de otra manera no tendrían ninguna explicación racional. Y ese cambio ha podido ser muy lejano en el tiempo, muchos siglos después desde la última acción humana y aún así seguir dejando un rastro identificable. Por ejemplo, el estudio de fotografía espacial de infrarrojos permite diferenciar la selva primigenia de aquella que ha crecido por encima de ruinas y así poder localizar emplazamientos arqueológicos. Además, desde el punto de vista operativo no es lo mismo enfrentarse a un problema “natural” frente a otro “artificial”. Así cuando se produce un incendio, si su origen es natural probablemente parte desde un único foco ubicado al azar, mientras que si ha sido provocado por un pirómano, los equipos de bomberos esperan enfrentarse a diversos focos ubicados en localizaciones particulares que faciliten su propagación. Tampoco es equivalente que las autoridades sanitarias se enfrenten a una epidemia sabiendo que es natural o que sospechen que ha podido ser provocada por terroristas biológicos o ya puestos por la ira divina.

Por tanto, el despreciar la influencia de seres extraterrestres (en su más amplia acepción) en nuestra realidad (si tuviéramos la más mínima prueba de su existencia) no sólo sería un error científico de proporciones antológicas, desde el momento en el cual la principal misión de los investigadores es desentrañar cómo funciona el mundo, sino también una irresponsabilidad total. Eso sin olvidar que aquel que demostrara esa influencia “externa” de cualquier manera y en cualquier rama del saber, no sólo sería premiado con las mayores distinciones académicas, sino que muy probablemente sería venerado como un nuevo profeta por si no todas, sí bastantes de la miríada de religiones inventadas por la Humanidad.

En resumen, que si un científico religioso no incluye o no tiene en cuenta la variable supranatural en sus estudios, o es un mal científico (por muy premio Nobel que sea) o se comporta de manera totalmente indistinguible de otro investigador ateo al despreciar por (casi) imposible esa posibilidad. Y a la vista de los datos de cómo funciona el mundo científico, ello indica objetivamente que hay menos verdaderos científicos cristianos en el mundo que linces ibéricos en España, que ya es decir.

Pero mientras tanto la Academia Pontificia de las “Ciencias”, con la inestimable ayuda de algunos veteranos investigadores, continúa con su labor de zapa y mina socavando los principios más fundamentales de la ciencia.

Finalmente, les dejo con las cristianas y anticientíficas reflexiones de Werner Arber

Y después de este supersticioso carnaval de viejas glorias de la ciencia reunidas servilmente para rendir honores a la más cruda irracionalidad, ¿con qué autoridad se les va a exigir a los estudiantes, aspirantes a futuros científicos que sean cuidadosos en sus hipótesis, rigurosos a la hora de realizar y analizar los experimentos y que únicamente extraigan las conclusiones que se deriven directamente de sus ensayos, sin dejarse llevar nunca por cualquier otro elemento extraño al método científico?

P.D.

Y si se me permite la osadía, a la frase de Stephen Hawking que encabeza esta entrada

“La ciencia no deja mucho espacio ni para milagros ni para Dios”

yo le añadiría esta adenda:

“Y este pequeño espacio se acorta día a día a pasos agigantados”

P.D.2

Entrada especialmente dedicada a la Semana Santa cristiana.

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La Ciencia y sus Demonios


La necesidad de divulgar ciencia


Para todos los lectores de mi blog a ver que opinan de este Post que me parecio interesante

divulgacion-de-ciencia

Quizás sea una percepción particular, pero me da la impresión que en las últimas décadas se está produciendo un alejamiento entre la ciencia y la sociedad. Y esto está ocurriendo en el momento en el que más fácil es el acceso a la información científica. Cabe hacerse una pregunta: ¿qué consecuencias puede tener esto?

Hace más de dos milenios, en una pequeña región comprendida entre el Sureste de Europa y el Norte de África, la ciencia, el arte y la literatura florecían. Algunos conocimientos que hoy consideramos modernos tales como la esfericidad de la Tierra, el tamaño de nuestro planeta, la existencia de un cosmos formado por millones de estrellas, las relaciones geométricas de los cuerpos, el origen de algunas enfermedades y el diseño de tratamientos médicos o el hecho de que los animales hayan evolucionado desde formas vivas más simples ya habían sido recogidos por filósofos y científicos. Este saber fue compilado, escrito y almacenado en la biblioteca de Alejandría, la cual llegó a recoger cerca del millón de manuscritos. Todavía hoy es difícil averiguar qué contenía dicha biblioteca; por referencias sabemos que allí se encontraba el pensamiento de grandes filósofos, experimentos y observaciones de científicos y obras literarias de las que, en la mayoría de los casos, sólo conocemos referencias por otros historiadores. Todo ese saber humano desapareció de la noche a la mañana cuando dicha biblioteca fue destruida por un incendio provocado en el siglo III de nuestra era. ¿Cómo es que no se cuidó ese saber, por qué se permitió una destrucción de tal calibre?

Para entenderlo hay echar una ojeada a cómo era la sociedad de la época. La mayoría de la población era completamente iletrada, cuando no analfabeta. A pesar de que en Alejandría se situaba la mejor biblioteca de Occidente, a la cual acudían estudiosos de todo el mundo, la población vivía en régimen de semiesclavitud, hacinada en diminutas viviendas sin acceso a una educación básica. A esto hay que añadir las convulsiones de la época, con continuas batallas por el poder y conflictos religiosos de primera magnitud. Parte de la ciudadanía combatió en algunos de esos conflictos y el fanatismo y la superstición era la nota predominante en el pueblo llano. Esto hace comprensible que la mayoría de la población se mostrara indiferente (cuando no partícipe) de la destrucción de la biblioteca. Para ellos era algo ajeno. Y les era ajeno porque nunca tuvieron acceso a ella, ni tan siquiera llegaban a comprender qué contenía. Simplemente, nadie se lo había explicado.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero si se quiere mantener viva la ciencia como herramienta de obtención de conocimiento y progreso hay que mostrar a la sociedad su importancia. En el último siglo la ciencia se ha desarrollado tremendamente y algunas disciplinas han incrementado mucho su complejidad. El cosmos es complejo y conocer sus detalles implica muchos años de estudio, pero incluso en esas condiciones hay que intentar trasmitir la importancia del esfuerzo que realizan los científicos, de que no todo se puede medir desde el mercantilismo y que la ciencia dota de herramientas para desarmar a los vendedores de humo y a los que prometen oro cuando solo tienen barro en sus manos. Es por ello que la labor de divulgación de la ciencia es importante, especialmente entre aquellos que desconfían de ella por el simple hecho de que no la conocen, siendo presas fáciles de aquellos que quieren su descrédito porque va contra sus propios intereses personales. No da la sensación de que en la actualidad se vayan a quemar los “templos” del saber, sin embargo en países como España se recorta la inversión en I+D sin que pase nada, no existe una clase política que dé importancia a la ciencia, algo normal ya que los políticos no son más que una parte de una sociedad que vive de espaldas a la ciencia y los corruptos profesionales vuelven a salir reelegidos una y otra vez mostrando la desaparición del pensamiento crítico y el estancamiento en un clima de anestesia general.

El profesional de la ciencia ante la divulgación

Cuando se mira alrededor y se comprueba que la ciencia parece no importar mucho, al menos en países como España, se suelen echar muchos balones fuera creando fantasmas culpables de esta situación. Que si el fútbol, que si los programas basura de televisión, que si la desmotivación de los más jóvenes, que si la tradición católica del país y no sé cuántas cosas más, pero desde mi punto de vista gran parte de la culpa recae directamente sobre los propios profesionales de la ciencia. Quienes nos dedicamos a labores de investigación poseemos todas las herramientas para trasmitir a la sociedad el mensaje de la importancia de la ciencia, sin embargo la inmensa mayoría jamás abandona los pocos metros cuadrados de su laboratorio para explicar a la gente lo que hace y la importancia de su labor. No parece justo que dándose esa situación, se escuchen voces airadas en el colectivo científico sobre el poco interés de la gente hacia la ciencia; la pregunta sería ¿y qué has hecho tú para despertar dicho interés?

La labor de investigación es dura, muchas horas de trabajo por un sueldo (en la mayoría de los casos) escaso. Pero a la vez es una labor vocacional, de otra forma no se podría entender esas maratonianas jornadas sin incentivos laborales ni salariales. La labor que se hace, en la mayoría de los casos es importante, y los resultados se recogen en revistas especializadas, pero esa labor es desconocida por gran parte de la sociedad. La gente ni tiene acceso fácil a dichas publicaciones (que en la mayoría de las ocasiones se editan en inglés y son de pago) ni el nivel de conocimientos es suficiente para entender los resultados allí expuestos. Si realmente se quiere llegar a la sociedad hay que hacerlo por otras vías, ya sea a través de la prensa, artículos de divulgación, libros o artículos en blogs. En ellos se ha de cambiar el chip, ya no se trata de presentar los resultados experimentales de la forma más detallada posible para que los experimentos puedan ser reproducidos y evaluados por otros expertos, se trata de hacer entender al lector la importancia del trabajo y la trascendencia e innovación de los conocimientos expuestos. A la mayoría de la población le costaría mucho entender que unos análogos químicos a los que emplea las MAP quinasas bloquean los productos de oncogenes implicados en la proliferación celular, pero todo el mundo entiende que hay sustancias que alteran la división de células tumores, de tal forma que puede paralizar la extensión de un cáncer. Ambas frases pueden ser equivalentes, pero la primera suena a juego introspectivo de unos señores que malgastan dinero de espaldas a la sociedad, mientras que la segunda parece que se está buscando una herramienta de gran importancia sanitaria.

Aunque la divulgación de la ciencia no debe ser labor exclusiva de los científicos, éstos deben colaborar de forma activa con educadores y periodistas para que la gente no vea los laboratorios como algo ajeno a ellos, máxime cuando en España gran parte de la investigación que se lleva a cabo se realiza con subvenciones públicas, por lo que la sociedad debe verlo como algo suyo y los investigadores pagados con dichos fondos deben explicar cómo se está empleando de forma adecuada el dinero que sale de los impuestos de todos (al menos de todos los que pagamos impuestos).

El medio

Una vez se asume la importancia de la divulgación de la ciencia, hay que echar un vistazo al medio elegido para llevarla a cabo. Todos ellos son respetables, todos importantes, el medio no es más que un transmisor del mensaje y cada comunicador debe elegir aquel en el que se sienta más a gusto.

(i) La escuela: La escuela es el lugar donde se imparten los conocimiento reglados dentro de unos currículos previamente establecidos. En ella no se divulga, se imparte docencia. Tiene una importancia capital ya que determina tanto los conocimientos como las herramientas para la búsqueda de los mismos. En ciencias esto último es muy importante; en muchas ocasiones tiene una mayor importancia enseñar cómo se alcanza el conocimiento que los propios datos. No es que los datos científicos no sean importantes sino que un alumno entrenado con las herramientas para su búsqueda será capaz de encontrar dichos datos por sí mismo. La memorización es importante, pero la habilidad para encontrar la información lo es mucho más. La resolución de problemas es importante, pero la capacidad de generar hipótesis y de plantear experimentos para testarlas tiene el mismo valor. La admiración hacia los grandes científicos del pasado es loable, pero el análisis crítico de los que dice su obra mucho más. Todo ello tiene que recordarlo un docente, y en ese camino los investigadores tienen mucho que decir. Un investigador no acostumbrado a impartir docencia puede no dominar las herramientas para llegar a un alumno, pero sí debe saber trasmitir como él analiza los datos que tiene delante, como resuelve los problemas del día a día del laboratorio. Eso ha de ser expuesto a los jóvenes alumnos para que entiendan que la ciencia no consiste en una memorización de los datos obtenidos por otros, sino en la capacidad de analizarlos, criticarlos y plantear hipótesis para resolver las cuestiones que todavía no conocemos. En ese sentido tan importante es enseñar lo que se sabe como lo que no se sabe, hay que abrir las puertas de la curiosidad y de los caminos todavía no recorridos.

(ii) Internet Es quizás el medio más sencillo para llegar a mucha gente. Tiene muchas ventajas, indudables, pero también tiene sus inconvenientes. Su gran ventaja es su enorme difusión internacional, cualquiera puede exponer libremente sus ideas (al menos fuera de territorios sometidos a regímenes dictatoriales) de forma económica y cómoda. Sin embargo el efecto Internet es similar al que tuvo la televisión durante mucho años, al menos entre los más jóvenes: se tiende a considerar que lo expuesto en Internet es cierto, cuando eso no es así. En Internet (como en otros medios) hay información verdadera, información falsa e información que sólo tiene la intención de manipular. Además de esos problemas, no ausentes en otros medios, yo citaría otros, casi todos ellos (aunque no todos) derivados de la sección de comentarios de los artículos: (i) Internet es un medio donde los lectores tienden a saltar de contenido en contenido y pocas veces realizan una lectura completa de un artículo, especialmente si éste es largo y con información compleja, (ii) los comentaristas entran en muchas ocasiones en competiciones dialécticas alejadas del fondo de los artículos; por desgracias estas “charlas” generan más morbo y atención que el propio artículo, perdiéndose de esa forma el mensaje, (iii) Internet es un medio donde los lectores entran, salen, participan o no, sin que nadie lo pueda controlar; si alguien deja de comentar por razones ajenas al debate, se interpreta falsamente que el que permanece más tiempo tiene razón, (iv) Internet da la falsa sensación de democracia cuando alguien que no tiene ni idea de un tema pontifica contra un especialista (cualquiera es libre de opinar en bien de la libertad de expresión); los expertos pueden equivocarse, y en ciencia el argumento de autoridad debería tener poca validez, pero en Internet ocurre lo contrario, persona sin ninguna idea que no paran de escribir disparate tras disparate piden la misma atención que alguien que lleva años trabajando en un tema y que se ha molestado en dedicar tiempo en divulgar su conocimiento, (v) estos aspectos son aprovechados por aquellos que, por los motivos que sean, desean que no se divulguen contenidos científicos; éstos lo tienen fácil, basta con que acaparen un artículo con decenas de comentarios encadenados, generando polémica ahogando el fondo del debate, recurriendo al descrédito continuado para que el esfuerzo de divulgación quede enterrado para siempre. Quizás por ello, los análisis realizados han demostrado que hoy por hoy, la ciencia en Internet llega mayoritariamente a los que se dedican a la labor científica, sigue siendo un medio endogámico que no ha saltado más allá de este ámbito a gran nivel.
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(iii) Prensa y televisión Es de agradecer que existan tanto profesionales de la ciencia como periodistas que dediquen sus esfuerzos en divulgar noticias científicas en los medios generalistas. En países como Estados Unidos o el Reino Unido, muchos periódicos y canales de televisión tienen secciones dedicadas a la ciencia y la tecnología de muy alto nivel. Desgraciadamente, y salvo honrosas excepciones, no puedo decir lo mismo de España, aquí la información es escasa y en muchas ocasiones está plagada de grandes errores. Me queda el consuelo de observar que el nivel ha mejorado en los últimos años, quizás empujados por la presencia de blogs de extraordinaria calidad en la red y por la existencia de algunas cátedras y másters de periodismo científico, pero aún queda mucho camino por recorrer, cuando uno compara lo que ocurre en países donde la ciencia es una cuestión de estado se puede ver todo lo que falta por hacer. En cualquier caso considero que la labor de los periodistas es imprescindible en una sociedad libre y democrática, por lo que agradezco y animo a que una parte de esos profesionales se dediquen a cubrir noticias científicas y a divulgar desde medios que poseen una gran cobertura.

(iv) Libros y revistas no especializadas Estos quizás sean los medios donde se mueven mejor muchos investigadores, pero aún y así pocos se aventuran a dar el paso. Este medios supone una complicidad entre el investigador, que ha escribir algo que puede ser atractivo para el gran público, y un editor que piensa que obtendrá ganancias (o al menos no tendrá pérdidas) con la obra de dicho investigador. Los libros tienen una gran importancia, pero deben ser tomados con la misma precaución que cualquier obra que no ha sido evaluada por otros expertos antes de su publicación: contiene información científica, pero a la vez puede contener opinión personal no contrastada. Encontrar qué información está avalada por datos científicos y cuál es mera especulación u opinión es tarea que corresponde al lector, que en todo momento ha de ser crítico. Igual ocurre con las revistas de difusión que no tiene revisión por pares, la lectura crítica se ha de imponer, que veamos datos recogidos en un libro o en una revista no implica que sea cierta (ni falsa), todo debe ser analizado bajo el tamiz del escepticismo empleando las herramientas que deberían ser aprendidas en la escuela. En cualquier caso, los libros son una herramienta de divulgación maravillosa, ya que permite extender el contenido científico hasta los límites que autor quiera sin el ruido de fondo de aquellos que disfrutarían viendo como arde su libro en la hoguera.

La acción

Es una perogrullada decir que todo lo escrito es una opinión, pero aún y así lo digo, para que no queden dudas. Es una opinión forjada después de algún tiempo divulgando ciencia por diferentes cauces, supongo que quienes han tenido otras experiencias tendrán otras opiniones diferentes. En mi caso puedo decir que la experiencia ha sido muy satisfactoria, pero a la vez he de confesar que con el medio que he quedado más desencantado es con Internet, y es por ello que últimamente me veis menos por aquí, sin que ello haya menguado mi labor divulgadora en otros medios, que van desde las revistas científicas especializadas de revisión por pares a conferencias o clases en la universidad, por poner algún ejemplo. Porque siendo mi caso el de un científico español que trabaja para la administración estatal, me siento en el deber de difundir mi trabajo, de explicar la importancia del mismo y de rendir cuentas justificando porqué es importante que se siga invirtiendo en los proyectos que lidero. Y esa debería ser la postura de todos los investigadores; da igual el cauce que elijan, pero todos ellos deberían compatibilizar la divulgación con la tarea del laboratorio. En caso contrario podría ocurrir que en el futuro se vea arder la biblioteca de Alejandría a través de los cristales de la torre de marfil de los laboratorios.

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La Ciencia y sus Demonios


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Quizás sea una percepción particular, pero me da la impresión que en las últimas décadas se está produciendo un alejamiento entre la ciencia y la sociedad. Y esto está ocurriendo en el momento en el que más fácil es el acceso a la información científica. Cabe hacerse una pregunta: ¿qué consecuencias puede tener esto?

Hace más de dos milenios, en una pequeña región comprendida entre el Sureste de Europa y el Norte de África, la ciencia, el arte y la literatura florecían. Algunos conocimientos que hoy consideramos modernos tales como la esfericidad de la Tierra, el tamaño de nuestro planeta, la existencia de un cosmos formado por millones de estrellas, las relaciones geométricas de los cuerpos, el origen de algunas enfermedades y el diseño de tratamientos médicos o el hecho de que los animales hayan evolucionado desde formas vivas más simples ya habían sido recogidos por filósofos y científicos. Este saber fue compilado, escrito y almacenado en la biblioteca de Alejandría, la cual llegó a recoger cerca del millón de manuscritos. Todavía hoy es difícil averiguar qué contenía dicha biblioteca; por referencias sabemos que allí se encontraba el pensamiento de grandes filósofos, experimentos y observaciones de científicos y obras literarias de las que, en la mayoría de los casos, sólo conocemos referencias por otros historiadores. Todo ese saber humano desapareció de la noche a la mañana cuando dicha biblioteca fue destruida por un incendio provocado en el siglo III de nuestra era. ¿Cómo es que no se cuidó ese saber, por qué se permitió una destrucción de tal calibre?

Para entenderlo hay echar una ojeada a cómo era la sociedad de la época. La mayoría de la población era completamente iletrada, cuando no analfabeta. A pesar de que en Alejandría se situaba la mejor biblioteca de Occidente, a la cual acudían estudiosos de todo el mundo, la población vivía en régimen de semiesclavitud, hacinada en diminutas viviendas sin acceso a una educación básica. A esto hay que añadir las convulsiones de la época, con continuas batallas por el poder y conflictos religiosos de primera magnitud. Parte de la ciudadanía combatió en algunos de esos conflictos y el fanatismo y la superstición era la nota predominante en el pueblo llano. Esto hace comprensible que la mayoría de la población se mostrara indiferente (cuando no partícipe) de la destrucción de la biblioteca. Para ellos era algo ajeno. Y les era ajeno porque nunca tuvieron acceso a ella, ni tan siquiera llegaban a comprender qué contenía. Simplemente, nadie se lo había explicado.

Las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero si se quiere mantener viva la ciencia como herramienta de obtención de conocimiento y progreso hay que mostrar a la sociedad su importancia. En el último siglo la ciencia se ha desarrollado tremendamente y algunas disciplinas han incrementado mucho su complejidad. El cosmos es complejo y conocer sus detalles implica muchos años de estudio, pero incluso en esas condiciones hay que intentar trasmitir la importancia del esfuerzo que realizan los científicos, de que no todo se puede medir desde el mercantilismo y que la ciencia dota de herramientas para desarmar a los vendedores de humo y a los que prometen oro cuando solo tienen barro en sus manos. Es por ello que la labor de divulgación de la ciencia es importante, especialmente entre aquellos que desconfían de ella por el simple hecho de que no la conocen, siendo presas fáciles de aquellos que quieren su descrédito porque va contra sus propios intereses personales. No da la sensación de que en la actualidad se vayan a quemar los “templos” del saber, sin embargo en países como España se recorta la inversión en I+D sin que pase nada, no existe una clase política que dé importancia a la ciencia, algo normal ya que los políticos no son más que una parte de una sociedad que vive de espaldas a la ciencia y los corruptos profesionales vuelven a salir reelegidos una y otra vez mostrando la desaparición del pensamiento crítico y el estancamiento en un clima de anestesia general.

El profesional de la ciencia ante la divulgación

Cuando se mira alrededor y se comprueba que la ciencia parece no importar mucho, al menos en países como España, se suelen echar muchos balones fuera creando fantasmas culpables de esta situación. Que si el fútbol, que si los programas basura de televisión, que si la desmotivación de los más jóvenes, que si la tradición católica del país y no sé cuántas cosas más, pero desde mi punto de vista gran parte de la culpa recae directamente sobre los propios profesionales de la ciencia. Quienes nos dedicamos a labores de investigación poseemos todas las herramientas para trasmitir a la sociedad el mensaje de la importancia de la ciencia, sin embargo la inmensa mayoría jamás abandona los pocos metros cuadrados de su laboratorio para explicar a la gente lo que hace y la importancia de su labor. No parece justo que dándose esa situación, se escuchen voces airadas en el colectivo científico sobre el poco interés de la gente hacia la ciencia; la pregunta sería ¿y qué has hecho tú para despertar dicho interés?

La labor de investigación es dura, muchas horas de trabajo por un sueldo (en la mayoría de los casos) escaso. Pero a la vez es una labor vocacional, de otra forma no se podría entender esas maratonianas jornadas sin incentivos laborales ni salariales. La labor que se hace, en la mayoría de los casos es importante, y los resultados se recogen en revistas especializadas, pero esa labor es desconocida por gran parte de la sociedad. La gente ni tiene acceso fácil a dichas publicaciones (que en la mayoría de las ocasiones se editan en inglés y son de pago) ni el nivel de conocimientos es suficiente para entender los resultados allí expuestos. Si realmente se quiere llegar a la sociedad hay que hacerlo por otras vías, ya sea a través de la prensa, artículos de divulgación, libros o artículos en blogs. En ellos se ha de cambiar el chip, ya no se trata de presentar los resultados experimentales de la forma más detallada posible para que los experimentos puedan ser reproducidos y evaluados por otros expertos, se trata de hacer entender al lector la importancia del trabajo y la trascendencia e innovación de los conocimientos expuestos. A la mayoría de la población le costaría mucho entender que unos análogos químicos a los que emplea las MAP quinasas bloquean los productos de oncogenes implicados en la proliferación celular, pero todo el mundo entiende que hay sustancias que alteran la división de células tumores, de tal forma que puede paralizar la extensión de un cáncer. Ambas frases pueden ser equivalentes, pero la primera suena a juego introspectivo de unos señores que malgastan dinero de espaldas a la sociedad, mientras que la segunda parece que se está buscando una herramienta de gran importancia sanitaria.

Aunque la divulgación de la ciencia no debe ser labor exclusiva de los científicos, éstos deben colaborar de forma activa con educadores y periodistas para que la gente no vea los laboratorios como algo ajeno a ellos, máxime cuando en España gran parte de la investigación que se lleva a cabo se realiza con subvenciones públicas, por lo que la sociedad debe verlo como algo suyo y los investigadores pagados con dichos fondos deben explicar cómo se está empleando de forma adecuada el dinero que sale de los impuestos de todos (al menos de todos los que pagamos impuestos).

El medio

Una vez se asume la importancia de la divulgación de la ciencia, hay que echar un vistazo al medio elegido para llevarla a cabo. Todos ellos son respetables, todos importantes, el medio no es más que un transmisor del mensaje y cada comunicador debe elegir aquel en el que se sienta más a gusto.

(i) La escuela: La escuela es el lugar donde se imparten los conocimiento reglados dentro de unos currículos previamente establecidos. En ella no se divulga, se imparte docencia. Tiene una importancia capital ya que determina tanto los conocimientos como las herramientas para la búsqueda de los mismos. En ciencias esto último es muy importante; en muchas ocasiones tiene una mayor importancia enseñar cómo se alcanza el conocimiento que los propios datos. No es que los datos científicos no sean importantes sino que un alumno entrenado con las herramientas para su búsqueda será capaz de encontrar dichos datos por sí mismo. La memorización es importante, pero la habilidad para encontrar la información lo es mucho más. La resolución de problemas es importante, pero la capacidad de generar hipótesis y de plantear experimentos para testarlas tiene el mismo valor. La admiración hacia los grandes científicos del pasado es loable, pero el análisis crítico de los que dice su obra mucho más. Todo ello tiene que recordarlo un docente, y en ese camino los investigadores tienen mucho que decir. Un investigador no acostumbrado a impartir docencia puede no dominar las herramientas para llegar a un alumno, pero sí debe saber trasmitir como él analiza los datos que tiene delante, como resuelve los problemas del día a día del laboratorio. Eso ha de ser expuesto a los jóvenes alumnos para que entiendan que la ciencia no consiste en una memorización de los datos obtenidos por otros, sino en la capacidad de analizarlos, criticarlos y plantear hipótesis para resolver las cuestiones que todavía no conocemos. En ese sentido tan importante es enseñar lo que se sabe como lo que no se sabe, hay que abrir las puertas de la curiosidad y de los caminos todavía no recorridos.

(ii) Internet Es quizás el medio más sencillo para llegar a mucha gente. Tiene muchas ventajas, indudables, pero también tiene sus inconvenientes. Su gran ventaja es su enorme difusión internacional, cualquiera puede exponer libremente sus ideas (al menos fuera de territorios sometidos a regímenes dictatoriales) de forma económica y cómoda. Sin embargo el efecto Internet es similar al que tuvo la televisión durante mucho años, al menos entre los más jóvenes: se tiende a considerar que lo expuesto en Internet es cierto, cuando eso no es así. En Internet (como en otros medios) hay información verdadera, información falsa e información que sólo tiene la intención de manipular. Además de esos problemas, no ausentes en otros medios, yo citaría otros, casi todos ellos (aunque no todos) derivados de la sección de comentarios de los artículos: (i) Internet es un medio donde los lectores tienden a saltar de contenido en contenido y pocas veces realizan una lectura completa de un artículo, especialmente si éste es largo y con información compleja, (ii) los comentaristas entran en muchas ocasiones en competiciones dialécticas alejadas del fondo de los artículos; por desgracias estas “charlas” generan más morbo y atención que el propio artículo, perdiéndose de esa forma el mensaje, (iii) Internet es un medio donde los lectores entran, salen, participan o no, sin que nadie lo pueda controlar; si alguien deja de comentar por razones ajenas al debate, se interpreta falsamente que el que permanece más tiempo tiene razón, (iv) Internet da la falsa sensación de democracia cuando alguien que no tiene ni idea de un tema pontifica contra un especialista (cualquiera es libre de opinar en bien de la libertad de expresión); los expertos pueden equivocarse, y en ciencia el argumento de autoridad debería tener poca validez, pero en Internet ocurre lo contrario, persona sin ninguna idea que no paran de escribir disparate tras disparate piden la misma atención que alguien que lleva años trabajando en un tema y que se ha molestado en dedicar tiempo en divulgar su conocimiento, (v) estos aspectos son aprovechados por aquellos que, por los motivos que sean, desean que no se divulguen contenidos científicos; éstos lo tienen fácil, basta con que acaparen un artículo con decenas de comentarios encadenados, generando polémica ahogando el fondo del debate, recurriendo al descrédito continuado para que el esfuerzo de divulgación quede enterrado para siempre. Quizás por ello, los análisis realizados han demostrado que hoy por hoy, la ciencia en Internet llega mayoritariamente a los que se dedican a la labor científica, sigue siendo un medio endogámico que no ha saltado más allá de este ámbito a gran nivel.
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(iii) Prensa y televisión Es de agradecer que existan tanto profesionales de la ciencia como periodistas que dediquen sus esfuerzos en divulgar noticias científicas en los medios generalistas. En países como Estados Unidos o el Reino Unido, muchos periódicos y canales de televisión tienen secciones dedicadas a la ciencia y la tecnología de muy alto nivel. Desgraciadamente, y salvo honrosas excepciones, no puedo decir lo mismo de España, aquí la información es escasa y en muchas ocasiones está plagada de grandes errores. Me queda el consuelo de observar que el nivel ha mejorado en los últimos años, quizás empujados por la presencia de blogs de extraordinaria calidad en la red y por la existencia de algunas cátedras y másters de periodismo científico, pero aún queda mucho camino por recorrer, cuando uno compara lo que ocurre en países donde la ciencia es una cuestión de estado se puede ver todo lo que falta por hacer. En cualquier caso considero que la labor de los periodistas es imprescindible en una sociedad libre y democrática, por lo que agradezco y animo a que una parte de esos profesionales se dediquen a cubrir noticias científicas y a divulgar desde medios que poseen una gran cobertura.

(iv) Libros y revistas no especializadas Estos quizás sean los medios donde se mueven mejor muchos investigadores, pero aún y así pocos se aventuran a dar el paso. Este medios supone una complicidad entre el investigador, que ha escribir algo que puede ser atractivo para el gran público, y un editor que piensa que obtendrá ganancias (o al menos no tendrá pérdidas) con la obra de dicho investigador. Los libros tienen una gran importancia, pero deben ser tomados con la misma precaución que cualquier obra que no ha sido evaluada por otros expertos antes de su publicación: contiene información científica, pero a la vez puede contener opinión personal no contrastada. Encontrar qué información está avalada por datos científicos y cuál es mera especulación u opinión es tarea que corresponde al lector, que en todo momento ha de ser crítico. Igual ocurre con las revistas de difusión que no tiene revisión por pares, la lectura crítica se ha de imponer, que veamos datos recogidos en un libro o en una revista no implica que sea cierta (ni falsa), todo debe ser analizado bajo el tamiz del escepticismo empleando las herramientas que deberían ser aprendidas en la escuela. En cualquier caso, los libros son una herramienta de divulgación maravillosa, ya que permite extender el contenido científico hasta los límites que autor quiera sin el ruido de fondo de aquellos que disfrutarían viendo como arde su libro en la hoguera.

La acción

Es una perogrullada decir que todo lo escrito es una opinión, pero aún y así lo digo, para que no queden dudas. Es una opinión forjada después de algún tiempo divulgando ciencia por diferentes cauces, supongo que quienes han tenido otras experiencias tendrán otras opiniones diferentes. En mi caso puedo decir que la experiencia ha sido muy satisfactoria, pero a la vez he de confesar que con el medio que he quedado más desencantado es con Internet, y es por ello que últimamente me veis menos por aquí, sin que ello haya menguado mi labor divulgadora en otros medios, que van desde las revistas científicas especializadas de revisión por pares a conferencias o clases en la universidad, por poner algún ejemplo. Porque siendo mi caso el de un científico español que trabaja para la administración estatal, me siento en el deber de difundir mi trabajo, de explicar la importancia del mismo y de rendir cuentas justificando porqué es importante que se siga invirtiendo en los proyectos que lidero. Y esa debería ser la postura de todos los investigadores; da igual el cauce que elijan, pero todos ellos deberían compatibilizar la divulgación con la tarea del laboratorio. En caso contrario podría ocurrir que en el futuro se vea arder la biblioteca de Alejandría a través de los cristales de la torre de marfil de los laboratorios.

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Click aquí para ver el articulo original:
La necesidad de divulgar ciencia


La homeopatía es ineficaz, pero ¿qué importa?


Excelente articulo que pense en compartirles

1 Homeopatía timo esstafa pseudomedicinaAunque las autoridades sanitarias españolas saben que la homeopatía es indistinguible del efecto placebo aún así la siguen tolerando.

Y para muestra de ello les dejo con las declaraciones del Presidente del Colegio de Médicos de Vizcaya

y el Consejero de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco

durante su participación en el programa dedicado a la homeopatía en la serie de TV Escépticos.

Así que ya ven, La homeopatía es ineficaz, pero ¿qué importa?

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La homeopatía es ineficaz, pero ¿qué importa?